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La ética en la política por Luis Montilla

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Luis Montilla


Fue el gran Aristóteles el primero en definir lo que debería conocerse como la proposición elemental, básica, de lo que en nuestro idioma conocemos como política y de cualquier posible ciencia política. Podríamos decir, que fue el primer antropólogo que describió y distinguió lo que sigue considerándose en nuestros días una invención o descubrimiento del mundo griego sin parangón en la historia de la humanidad. En el segundo libro de su obra “La Política”, en un pasaje muy conocido y referido, en el que examina y critica distintos proyectos de estados ideales, afirma que Platón, en su “República”, comete el error de intentar reducir todo lo que compone la polis a la unidad, aunque en el transitar llega a un punto en el que la polis, dejará de ser tal polis; en otro punto, previo al anterior, en el que siendo todavía una polis, estará cerca de perder su esencia, y será, por lo tanto una polis peor. Es como si se pretendiera reducir la armonía a mera monotonía, o un tema musical a una sola nota. Lo cierto es que la polis es un conglomerado de múltiples miembros. (La Política). La política, según el estagirita, surge en estados organizados que reconocen ser un conglomerado de múltiples miembros, no una tribu o el producto de una religión, un interés o una tradición únicos. Entonces podemos deducir del pensamiento del filosofo griego, que la política sería el resultado de la aceptación de la existencia simultánea de grupos diferentes y, por lo tanto, de diferentes intereses y tradiciones, dentro de una unidad territorial sujeta a una autoridad común. Lo importante aquí, no es como se haya formado esa unidad, si fue por costumbre, transformación, conquista o circunstancia geográfica, lo verdaderamente importante, es que la estructura social, a diferencia de la de algunas sociedades primitivas, es lo bastante compleja y fraccionada para hacer de la política una respuesta estimable al problema de gobernarla, al del mantenimiento de un orden mínimo. Es por eso el consenso entre los diferentes autores del pensamiento político moderno, de que la política vendría a ser, las acciones públicas de los hombres libres. La política no puede ser una actividad puramente práctica e inmediata, como creen algunos “políticos” envueltos en un pragmatismo exacerbado, que  pretenden imponer distorsiones devenidas de una supuesta astucia y “viveza criolla”. La política debe ser apreciada como en constante movimiento, cambiante, como algo vivo y carácter propios de sus circunstancias. La política no es religión, tratados de ética ni de moral, normas jurídicas, ciencia pura, historia ni economía; no se resuelve todo con la política, ni está presente en todo, ni mucho menos es ninguna doctrina política concreta, llámese conservadora, liberal, socialista, comunista o nacionalista, aunque pudiera tener elementos de todo esto. Y como afirma Bernard Crick “En defensa de la política”, la política es política, valorable por lo que es y no porque “sea como” o “realmente sea” algo más respetable o singular. La política es política.





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