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Alirio Pérez Lo Presti

Parvulario

Historia parcial de la mentira por Alirio Pérez Lo Presti



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Historia parcial de la mentira por Alirio Pérez Lo Presti

@perezlopresti

 

Cuando pretendemos conquistar a una persona, le mostramos nuestra apariencia y ocultamos nuestros defectos. Incluso, si hacemos alarde de nuestras imperfecciones, en realidad se trata de un juego de ocultar y mostrar. De ahí que nos enamoramos hasta de los defectos del otro, pudiendo acostumbrarnos a los mismos o simplemente hastiarnos.

La mentira como mecanismo de supervivencia nos lleva a ser falsos por acción, pero también por omisión. Como dijo el buen filósofo Miguel de Unamuno y Jugo, oriundo de Bilbao, rector vitalicio de la Universidad de Salamanca, en las terribles horas que vivía España de frente a la guerra civil: “A veces quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia”. Un ejemplo universal de los alcances de apegarse a la verdad.

Somos embusteros al callar o al pensar. En el caso que nos ocupa, se falsea de obra, acción, palabra y por supuesto, de pensamiento. Como forma adaptativa, debido a que mentimos, no le decimos al jefe lo que pensamos de él, preservando el empleo y poder llegar a tener relaciones de trabajo más o menos armónicas. La falsedad nos lleva a no comentarle a la vecina lo que sentimos por ella, de lo contrario la vida se nos complica.  Una versión de mitología griega señala que Pandora fue la primera mujer, creada por Hefesto por orden de Zeus; madre de Pirra. Los dioses la dotaron de todas las gracias y talentos; Zeus le dio una caja donde estaban todas las desgracias y la mandó a Prometeo, que desconfiado la mandó a su vez a Epimeteo. Éste se casó con Pandora,  abrió por curiosidad la caja y dejó salir todos los males: Sólo quedó en el fondo la Esperanza.

Como instrumento político, embuste y acto van de la mano. ¿Acaso alguien puede imaginarse un político que no prometa? ¿Un político pesimista o uno que señale a las cosas directamente por su nombre? Pensaríamos que se trata de un humorista desenfadado y cínico. Es tan propio del político el tener que engañar como de quien lo escucha esperar por las promesas y esperanzas que tenga que ofrecer. La esperanza es el germen de la política y las promesas son el artificio del éxito. Nietzsche pensaba que la esperanza era el peor de los males porque prolongaba el sufrimiento humano. ¿Acaso ese término que llamamos “esperanza” no es sencillamente una manera de mentirnos y prolongar nuestros tormentos?





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