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Más de tres mil invitados se sumaron a la gran fiesta homenaje en los jardines del Elíseo,

Apoteosis en los Campos Elíseos



Apoteosis en los Campos Elíseos

Recibimiento apoteósico para la selección nacional francesa en los Campos Elíseos, camino del palacio del Elíseo, donde el presidente Emmanuel Macron anunció a todos los jugadores la concesión de la Legión de Honor, que les será impuesta dentro de unos meses.

A su llegada al aeropuerto de Charles De Gaulle, la selección fue recibida por millares de hinchas delirando de alegría. Cuando el autobús con la selección se dirigió a los Campos Elíseos, a la escolta policial se sumaron millares de coches y motos, decoradas con banderas, formando un ruidoso cortejo espectacular.

Las carreteras de circunvalación de París quedaron colapsadas por millares de vehículos sumándose a la gran celebración popular.

A través de las redes sociales, los héroes nacionales se «comunicaban» con la afición publicando fotos del equipo jugando, bromeando, cantando a coro, también ellos, en júbilo. Utilizando los teléfonos portátiles, los jugadores fueron los primeros «cronistas» de su vuelta triunfal, difundiendo rudimentarios vídeos sobre sí mismos y sobre la multitud que los escoltaba.

A las puertas de París, el equipo nacional cambió de autobús, para montar en un vehículo en el podrían saludar a cuerpo descubierto a la multitud que los aguardaba a des hacía varias horas.

Ya en los Campos Elíseos, con un calor superior a los 30 grados, una multitud entusiasta de varios centenares de miles de franceses y turistas escoltó el “paseillo” de los héroes nacionales entre gritos, canciones y la repetición casi ininterrumpida del himno nacional, La Marsellesa.

La presencia de la Francia africana —que habita muy mayoritariamente en la «banlieue», los suburbios de París y las grandes ciudades— quizá era la más llamativa, entre una muchedumbre de la más diversa condición, origen y sensibilidad, unida a la hora de cantar el himno nacional, enarbolando con entusiasmo la bandera francesa.

Algunas mujeres jóvenes, de origen africano o caribeño, no dudaron en aparecer en bañador con los colores de la bandera nacional. Señoras «bien» preferían pasearse luciendo coronas de cartón oro y plata. Parejas jóvenes lucían los labios maquillados el azul, blanco y rojo nacional. Aquí y allá, las bandas de jóvenes hacían olas de entusiasmo, a las que se sumaban gustosas las familias de turistas encantados con su voluntaria participación en el éxtasis nacional francés.

Intentando acordonar a la multitud, un impresionante servicio de seguridad de más de 2.000 policías estaba preparado para cualquier eventualidad o desbordamiento. Más de 400 médicos y enfermeros estaban apostados en ambulancias de urgencia, en las inmediaciones del recorrido triunfal, para prestar socorro con celeridad.

Por su parte, todas las cadenas de radio y televisión hicieron un esfuerzo excepcional, ofreciendo imágenes impresionantes de los Campos Elíseos y el Arco del Triunfo, construido a mayor gloria de las ambiciones imperiales de Napoleón, sirviendo de decorado natural a la gesta deportiva del equipo nacional.

En el Elíseo, tras el baño de multitud en la más legendaria de las avenidas de Francia, Brigitte y Emmanuel Macron dieron un recibiendo muy caluroso a la selección nacional, en forma de fiesta popular y nacional, anunciando con mucho aparato la concesión de la Legión de honor a todos los jugadores, que les será impuesta en una ceremonia especial, dentro de unos meses.

Más de tres mil invitados se sumaron a la gran fiesta homenaje en los jardines del Elíseo, que se prolongó hasta ya bien entrada la noche. Invitados privilegiados, 1.500 niños y adolescentes que juegan al fútbol en sus colegios o equipos de aficionados.

Paradójicamente, ni el triunfo de la selección nacional, ni el entusiasmo personal de Macron, bien cubierto por sus fotógrafos personales, tendrán una dimensión política particular. Según un sondeo del matutino conservador Le Figaro, un 53 % de sus lectores estiman que el presidente de la República no se beneficiará de un «efecto Mundial», con una cota a la baja en los estudios de opinión. ABC





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