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Necesidad por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros Paolini


El razonamiento es de Perogrullo: si el 80% de la población considera que la situación del país es mala; el 75% rechaza totalmente el gobierno; el 71 % asegura  que el gobierno no tiene la capacidad para salir airoso de la grave situación económica que vive el país; y que igual porcentaje considera que la solución es cambiar radicalmente la administración actual, surge con contundencia la preocupación de que a aun dándonos cuenta de esa realidad, la oposición sea incapaz de lograr la cohesión requerida para actuar asociadamente, con el objetivo de definir  y acordar caminos únicos y efectivos,  ajenos en su definición y dinámica a particularidades enojosas, en muchos casos sustentadas en consideraciones objetables desde todo punto de vista.

Una de las acepciones que nos parece de importancia al hablar de política, es  la que la define como la capacidad de apreciar objetivamente la realidad social y, consecuencialmente, actuar sobre ella positivamente, partiendo del hecho de que como  no es estática,  resulta susceptible de ser transformada. Pero los cambios no necesariamente son positivos. Ello determina  la responsabilidad ineludible de procurar decisiones y actitudes que  tengan como propósito firme conducir al  país por derroteros de progreso mediante adecuaciones acordes con la democracia, que en definitiva es la expresión política de la libertad.

¿Esto último es posible? Claro que sí. Pero es posible si los partidos y organizaciones políticas conformados formalmente entienden que en la actualidad son grupúsculos sin capacidad para mover aisladamente a esa masa opositora a la que nos referimos anteriormente y que a diferencia del PSUV, que crece bajo el indiscutible liderazgo de Maduro, ellos se empequeñecen día a día,  disminuyendo su influencia en las masas, en lo que juega papel preponderante la falta de liderazgos creíbles.

Todo quiere decir que si se  hace imposible una unidad sólida sustentada en acuerdos que pangan el interés nacional por sobre las particularidades, seguiremos desbrozándole el camino al chavismo que por tales razones avanza, aunque arbitrariamente, en el logro de sus propósitos, sobresaliendo el fin primordial de mantenerse  a como dé lugar en el poder.

La debilidad es mayúscula y hay situaciones objetivas que hacen válida tal aseveración. No es posible que no se haya llegado a un acuerdo acerca de votar o no votar en las próximas elecciones para la conformación de los concejos municipales. No es posible que no hayan definido la forma en que se asumiría  un gobierno de transición que le permita al pueblo hacer las comparaciones indispensables y con ello lograr concientizarlo  de la necesidad imperiosa del cambio. Por otra parte, y esto es extremadamente grave, no se ha empezado con la contundencia y continuidad requerida, con base a  análisis conjuntos, a dar a conocer con claridad meridiana los aspectos álgidos, orientados hacia  la cubanización,  de la Constitución que la Constituyente debe someter, si es que no la imponen,  a referendo nacional. ¿Esperaremos a que de un día para otro haya la convocatoria y la mayoría de los venezolanos no tengan claros los indeseables propósitos de esa nueva Carta Maga? Ojalá, es lo codiciado, se depongan mediocridades separatistas y prevalezca la indispensable sindéresis, la que nos lleve a sentir la esperanza de alcanzar  los cambios que todos deseamos.





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