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In memoriam

Mons. Alfonso Alfonzo Vaz por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

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Baltazar Porras


Mi primera visita una vez conocido el nombramiento de administrador apostólico de Caracas fue a la Casa Sacerdotal en San José del Ávila. Me encontré con Mons. Alfonso y me maravilló su inmediata lucidez, la alegría de verme, expresándome lo contento que estaba por mi designación y que contara con sus oraciones. Quedamos en volvernos a ver, pero a los pocos días recibí la noticia de su deceso, siendo mayor mi tristeza al no poderlo acompañar a su última morada pues me encontraba fuera de Caracas en Mérida.

El P. Alfonzo Vaz no era un sacerdote desconocido para quienes cursábamos estudios en el Seminario Menor de Caracas, pues era preceptor de varios compañeros y lo veíamos con frecuencia por los pasillos del vetusto edificio. Nos causaba admiración juvenil la obra de la Ciudad de los Muchachos en Guarenas para la atención y cuidado de niños de escasos recursos. Fue una de sus pasiones. En ocasiones nos llevaban de paseo a sus instalaciones y recordamos el día que fuimos invitados a ver la película de la ciudad de los muchachos de México, en la que se había inspirado él, en el cine de la esquina de Principal.

Incansable en el ejercicio de su ministerio sacerdotal y en sus inquietudes intelectuales. Quienes lo tuvieron como maestro y profesor evocan su erudición y amenidad en las clases. Sonriente y jovial tenía siempre una palabra de aliento para quienes se acercaban a él. Devoto de la Virgen y amante de la eucaristía, animador de las Cofradías del Santísimo, quienes le entregaron un reconocimiento de parte de ellos junto a otro benemérito y centenario sacerdote, Mons. Raúl Méndez Moncada, en el encuentro nacional tenido en el Seminario San Buenaventura de Mérida hace unos años.

El derecho canónico, especialidad que había cursado en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, lo manejaba con competencia jurídica, con vasta experiencia y con la paternal solicitud samaritana de un buen pastor. Se jactaba de su relación consanguínea con el libertador del que escribió “Bolívar católico”, destacando virtudes ciertas sin la triste manipulación a la que ha sido sometido y devaluado en los tiempos que corren.

Mons. Alfonso de Jesús, caraqueño de pura cepa, nación en la capital el 12 de junio de 1917. Enviado a estudiar en la ciudad eterna como alumno del Pío Latino Americano, ciudad donde recibió el presbiterado el 23 de mayo de 1940, tuvo la dicha de tratar, admirar y sentir como santo a Mons. Salvador Montes de Oca, quien visitaba con alguna frecuencia a los venezolanos que estudiaban en el Colegio Pio Latino Americano, del que él había sido también alumno. Con picardía y buen humor, decía también haber sobrevivido a ocho papas, ocho arzobispos de Caracas y veinte presidentes de Venezuela. Un record difícilmente superable!

Damos gracias a Dios por haberle regalado a la iglesia venezolana a un sacerdote de tan altos kilates humanos, intelectuales y religiosos, dejando una estela de pastor solícito por haber sido siervo bueno y fiel. Descanse en paz.

 

42.- 30-9-18 (3060)





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