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«Khashoggi pudo ser víctima del fracaso de un pacto que terminó en tragedia»

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Christine Ockrent ha escrito un libro indispensable para comprender la dimensión internacional del asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul


Gran dama del periodismo francés, Christine Ockrent ha escrito un libro indispensable para comprender la dimensión internacional del asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul y las amenazas que proyecta sobre la nueva geopolítica mundial el poder absoluto de un hombre joven, impulsivo y temible, el Príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman.

 

—Si entiendo bien su libro, «El príncipe misterio de Arabia, Mohamed bin Salman», Jamal Khashoggi ha sido víctima de la esquizofrenia del Príncipe heredero y del sistema político de su país, gran aliado de los EE. UU., que dice aspirar a la modernidad y, al mismo tiempo, personaje y sistema político que utilizan el terror policial del poder absoluto.

 

—Los occidentales somos víctimas de esa esquizofrenia, y de un error no menos trágico, nuestro. Como ya ocurrió con otros tiranos con poder absoluto, los occidentales creímos que la prosperidad económica correría pareja a una cierta evolución relacionada con nuestros valores democráticos. Mohamed bin Salman (MBS) ha prometido la modernización de su país, ha dado pasos importantes en esa dirección, gasta inmensas fortunas en dar publicidad a tal ambición. Pero también recurre de manera sistemática a la persecución y encarcelamiento de quienes se oponen o intentan resistir a su política, desde posiciones próximas a nuestros valores occidentales, o desde posiciones propias del arcaísmo religioso más tradicional.

 

—Esa misma esquizofrenia ya estuvo presente durante la intervención de EE.UU. en Afganistán, con la emergencia de Bin Laden como líder carismático y con el nacimiento de Al Qaida.

 

–El Príncipe heredero ha comentado esa paradoja en muchas ocasiones, con cierta habilidad, recordando que su patria ha sido la primera víctima del terrorismo islámico, recordando que en Arabia Saudí también hay encarcelados muchos terroristas islámicos.

 

–Washington supo muy pronto que Bin Laden y Al Qaida se beneficiaban del dinero no siempre privado de Arabia Saudí. ¿Podía temer MBS que Khashoggi hiciese revelaciones sobre esas relaciones peligrosas?

 

–Riad invirtió e invierte muchos millones en la financiación de actividades religiosas en varias continentes. Bin Laden y su familia formaban parte de una cierta elite saudí. Hasta que sus convicciones religiosas lo llevaron al enfrentamiento, brutal. Es posible que Khashoggi tuviese informaciones sensibles, quizá. Pero me inclino a pensar que en el origen último de su muerte hay un problema político de fondo.

 

–¿Qué tipo de problema?

 

–En sus artículos publicados en el «Washington Post», Khashoggi apoyaba las reformas del Príncipe heredero, pero denunciaba su poder absoluto, que utiliza la cárcel y mucha brutalidad contra los progresistas (mujeres, intelectuales) y contra los reaccionarios (religiosos)… A mi modo de ver, Khashoggi pudo ser víctima del fracaso de un pacto que terminó en tragedia. El poder absoluto le propuso que abandonase el exilio y regresara a su patria. Se le propuso un visado y documentación para rehacer su vida. Pero algo salió mal, alguna disputa terminó en un baño de sangre, en el consulado de Estambul.

 

–Si hubiese que creer a los servicios de seguridad turcos, entre los hombres que asesinaron a Khashoggi se encontraba un miembro de la seguridad personal de MBS, ¿confirma ese y otros indicios la posible culpabilidad personal del Príncipe heredero?

 

–El Príncipe heredero tiene un poder absoluto. Ese y otros indicios llevan la marca de MBS. Se atribuye a un colaborador del Príncipe heredero esta frase, refiriéndose a Khashoggi: «Traedme la cabeza de ese perro».

 

–Las repercusiones internacionales del caso, ¿pueden hundir el futuro político de Mohamed bin Salman?

 

–No lo creo. A nadie le interesa que se conozca toda la verdad. No veo al Rey Salman confesando que se ha equivocado eligiendo a su heredero. Mohamed bin Salman controla todos los resortes del poder absoluto. En Occidente a nadie le interesa perder los contratos con Arabia Saudí.

 

–En cierta medida, Europa y EE. UU. son rehenes del comportamiento de un joven inculto y temible, y de un Estado cuyo fundamento teológico también ha contribuido a la propagación de la guerra santa contra Occidente.

 

–Esa es la matriz esquizofrénica de Arabia Saudí y uno de nuestros puntos débiles. La historia es una tragedia. Un hombre joven, impulsivo, formado en el tradicionalismo más ortodoxo, también aspira al liderazgo religioso, en conflicto con el Irán de los ayatolás y la Turquía de Erdogan. MBS ha embarcado a su país en conflictos peligrosos, en el Yemen, en Irak, en Siria, en el Líbano, en todo Oriente Medio. Los occidentales no queremos perder los contratos millonarios que concede el Príncipe heredero.

 

Retrato de un personaje inquietante

 

Hija de un influyente diplomático belga, Christine Ockrent (Bruselas, 1944), belga de nacimiento, francesa de formación, es una de las grandes periodistas europeas de nuestro tiempo, con una carrera excepcional en las grandes cadenas audiovisuales norteamericanas (CBS, NBC), francesas y europeas.

Autora de una veintena de libros, entre la investigación periodística y las biografías de corte anglosajón –Putin, Hillary Clinton–, su último título «El príncipe misterio de Arabia, Mohamed bin Salman» cuenta la ascensión al poder de MBS. A través de una investigación apoyada en testimonios de primera mano, Ockrent realiza un retrato magistral de un personaje ambiguo e inquietante, que quiere «modernizar» su país con mano de hierro, utilizando los recursos del poder absoluto para conquistar su propio puesto en la nueva escena mundial.

 

AGENCIAS





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