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Barcelona 5 / 1 R. Madrid

Suárez agota las vidas de Lopetegui

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Barcelona


28/10/18. Quien mal anda, mal acaba. El Real Madrid aterrizó en El Clásico buscando una tabla desde la que tomar impulso se llevó un correctivo durísimo. El Barcelona fue superior, muy superior, salvo en un tramo corto del segundo acto. El problema fue en el primero, donde apenas compitió. Fue peor desde la motivación y el hambre con que saltó al verde hasta la presión que aplicó para recuperar la pelota, o en el manejo de su posesión. Sin Messi y con Rafinha, el cuadro azulgrana tuvo el equilibrio que le faltó a su eterno rival, desconocido. El campeón de Europa apenas muestra signos vitales.

Todas las derrotas son dolorosas, pero frente al Barça supuran todas las heridas. Lo lógico es que el club revise la situación de Julen Lopetegui y encuentre pocos motivos para mantener el proyecto en vigor. Seis derrotas en 14 partidos, a menos distancia del descenso (seis puntos) que del líder (siete), el descarte de Vinícius -ni con el primer equipo ni con el filial- o los vaivenes tácticos, la intevención parece inevitable. Pero es que la imagen del equipo blanco en la primera parte fue terrible. Ni uno solo de sus futbolistas ofreció buen tono. Así que el Barça hizo sangre.

Ni la ausencia de Messi resta productividad a Jordi Alba, que venía de sentenciar al Inter en Champions. Reventó el Clásico buscando el carril izquierdo, bien habilitado desde la medular. Todos conocen también el movimiento de Alba, pero ni Nacho ni Bale lo controlaron, apuró línea de fondo, Suárez hundió a los centrales y Coutinho anotó a placer. Con cuatro centrocampistas, el Madrid se perfiló para resistir y sufrió como nunca, sin la pelota. La ventaja reforzó la convicción azulgrana, que no sólo manejaba bien la pelota sino que la recuperaba prontísimo. Arthur mezclaba bien con Rakitic y Busquets, todos brillantes, mientras Rafinha y Coutinho enlazaban con la punta. Brillantes en la gestión de su mejor juego.

En este impasse mientras se recupera Leo Messi, Suárez ha asumido el liderazgo del ataque. En una acción sin mucha gloria, de nuevo por banda izquierda, el uruguayo persiguió el balón a la espalda de Varane. No lo vio y le trabó en el tobillo. No lo vio de arranque Sánchez Martínez, que esperó a que la jugada acabara y recibió el aviso de Hernández Hernández, árbitro de VAR. Revísalo, es penalti. Pues eso. Suárez completó junto al palo.

A punto estuvo Courtois de detener la pena máxima, como ante el Levante. Cuando nada sale bien, nada sale bien. El belga, eso sí, evitó la goleada antes del descanso con una buena mano de Arthur, en pleno desconcierto madridista. Conste que si no se consignan jugadas en ataque del Madrid en el primer acto es porque no las hubo. De relevancia al menos, más allá de una falta en el borde del área a Bale en la que el árbitro dio ley de la ventaja y anuló precisamente eso, la ventaja de tirar una falta desde la frontal.Las conversaciones al descanso versaban sobre el tamaño de la goleada, pero en la caseta se coció una vuelta de tuerca. Varane, tocado, se quedó en la ducha y entró Lucas para jugar de carrilero. El Madrid pasó a cerrar con tres -Casemiro al medio, Kroos al eje- y el equipo echó a volar. Las situaciones de emergencia requieren medidas desesperadas, y como hiciera hace dos décadas Del Bosque, los blancos ganaron consistencia y voltearon El Clásico.

Fue el Madrid quien robó pronto, quien tuvo la pelota y quien la gestionó con peligro. Descontó pronto además, resolviendo Marcelo un balón suelto tras colada de Lucas por derecha. El brasileño, Pichichi, lo que delata el estado de los delanteros blancos. 2-1, partido nuevo. El Barça perdió el mando y pudo pagarlo con el empate. Una pérdida de Busquets, que ya es noticia, desembocó en Modric, que ajustó tanto tanto al palo que perdió el tanto. Reaccionó Valverde, que metió a Semedo, y el partido viró de nuevo. No tanto por el lateral, sino por el daño que hizo Sergi Roberto como interior. Justo después de que Benzema, completamente solo, cabeceara un extraordinario servicio de Lucas al limbo, Suárez se plantó en el área para recibir solo el pase corto de Sergi Roberto y conectó un testarazo demoledor, con los dos pies en el suelo. El remate de un 9 puro. El tercero volatilizó al Madrid, que recibió un castigo legendario. Otra manita cruel, porque esta vez ni siquiera intervino Leo Messi. Fue Suárez quien retrató la exhibición aprovechando un error de Ramos y otro servicio de Sergi Roberto. Picó suave, elegante, por encima de Courtois. Funcionaron también las sustituciones de Dembélé y Vidal, que cosieron el quinto, mal defendido por el bloque blanco. Courtois evitó el sexto con un paradón a Suárez, ya sobre la hora y con Marcelo lesionado. El Madrid es un fantasma de Halloween.

 

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