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Diálogo con un objetivo determinado por Luis Montilla

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Luis Montilla


Si entendemos a la política, como la actividad que hacen los hombres para conciliar intereses divergentes dentro de una unidad de gobierno determinada y donde se le reconoce una parcela de poder proporcional de acuerdo a su importancia a los diversos sectores que intervienen en las decisiones políticas, para mantener el bienestar y la supervivencia del conjunto de la comunidad (“vivir juntos”). Donde la democracia como sistema político alcanza un gobierno en el que la política logra garantizar una estabilidad y un orden razonables; ¿se podrá obtener alguna conciliación de intereses divergentes, acuerdos políticos, ejercicio de un gobierno pacífico, etc., sin un diálogo?. No se puede desconocer el diálogo como el instrumento por excelencia para el entendimiento en las democracias políticas. Y por nuestra esencia democrática inseparable entre teoría y práctica, nunca podremos estar negados al diálogo. Entendemos que el tema del diálogo está “satanizado” por los sectores más radicales y fanatizados de la oposición democrática, justificado en todo lo ocurrido luego de los acontecimientos de primeros meses del 2014 conocidos como “La salida”, donde la oposición partidista, debido a la improvisación y sorprendidos por el momento político se presentó en un dialogo con el Gobierno y salió con las manos vacías, sin llegar a ningún acuerdo favorable para el funcionamiento institucional y democrático, ni siquiera para lograr la libertad de los estudiantes presos. En esa misma dirección y a pesar del voto favorable hacia la oposición democrática en las elecciones parlamentarias del 6D-2015, para que se produjera un cambio político, el régimen desconoció la voluntad popular expresada por el pueblo venezolano, pasando por los intentos de diálogo que se produjeron en Republica Dominicana a finales del 2017 y enero del 2018, donde se burlaron hasta de las buenas intenciones del papa Francisco y de todos los participantes de buena fe, terminando todo en una serie de señalamientos y acusaciones de todo tipo, en un verdadero desastre. En ese contexto, es difícil pedirle a nuestra gente que nuevamente tenga confianza en el diálogo, planteado por el régimen y atendido por algunos sectores de la oposición, cuando no se está dispuesto a cambiar nada, se sigue incumpliendo y violando la Constitución vigente, con un régimen que solo ha utilizado el llamado al diálogo en situaciones donde se ha visto acorralado, con la “soga al cuello”, solo como estrategia para ganar tiempo y con el único objetivo de mantenerse en el poder a costa de lo que sea. Pero también tenemos que decir, que la oposición partidista no le ha dado el mejor trato al tema del diálogo, en todos los momentos ha sido mal planteado, se han presentado dispersos, en desventaja, sin una estrategia clara, sin un objetivo especifico, sin una finalidad determinada. Ahora bien, en el entendido que el objetivo central del régimen, es mantenerse en el poder “como sea”, no tiene ningún sentido que la oposición partidista, se presente nuevamente a un diálogo sin dejar constancia y bien claro, que acudirá en esta oportunidad, con un único objetivo determinado, que es el de acordar y negociar las condiciones para que abandonen el poder de forma pacífica, sin violencia, sin muertes innecesarias, donde se les darán todas las garantías en un proceso de transición democrática, que responda a una salida política que beneficie a las grandes mayorías en un proceso de reconstrucción y reconciliación del país. 





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