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El liderazgo por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros P.


El clamor es popular: la oposición necesita con urgencia de un líder capaz de mover las fibras emocionales del pueblo. No un caudillo o un mesías y menos un demagogo de los que pululan en la dirigencia opositora, interesaos solo en pescar el río revuelo. Con ninguno de ellos se obtendría la  victoria que conlleve a la deseada transición.

Necesitamos de alguien que dados sus conocimientos, su personalidad, su carisma y una muy bien definida apreciación de las necesidades futuras, sea capaz  de influir en la generalidad de los ciudadanos  y que, además, en su haber no haya pretensiones impositivas o compulsivas, negadoras del ejercicio dirigencial verdaderamente democrático. También se debe  entender que se trata de alguien sin la menor pose de soberbia; que debe gobernar aceptando las presiones y reclamos justos de sus seguidores e incluso de sus opositores, conformando el deseable proceso estabilizador que ha dado por denominarse “Círculo del Liderazgo”.

Nuestra historia demuestra que cuando se rompe ese círculo, tal como ha sido una constante, es  porque los seguidores dejan de influir por descuido o displicencia en el líder, haciéndolo proclive a  optar por decisiones personales, que en definitiva son expresión de un poder que empezará a sentirse omnímodo e inequívoco.

Ahora, como nunca, estamos necesitados de  un liderazgo que impacte a una población que por fuerza de la historia, éxitos y fracasos, y de la educación, hace ese tipo de exigencia. No es fácil, pero debemos tener la capacidad, con la participación honesta de la dirigencia de las organizaciones opositoras, de encontrar la aguja  en el pajar; la necesidad de explorar con sapiencia en nuestra sociedad, hasta dar con alguien  que sin ser desconocido, llene los requisitos indispensables: que la población vea en él  atributos semejantes a los suyos, pero, también, a la vez con atributos superiores y diferentes, capaces de orientar las acciones adecuadas para concretar los objetivos sociales que se apreciaron como ineludibles y cuya cruda caracterización contribuyó a la apreciación del líder, a la valoración de su carisma.

Nuestro deseado líder, a diferencia de los que comúnmente ha sucedido, debe desechar como propuesta el acostumbrado y reiterativo menú o  listado de ofertas comunes que se presentan al electorado, centrándose, por el contrario, previa estricta determinación, en proponer la resolución de las necesidades sentidas  de carácter colectivo, con indicación de los procedimientos a seguirse, y de las necesidades no sentidas que el propio líder y sus asesores consideren como de importancia relevante.

Las lecciones han sido determinantes: la mayoría de los fracasos en nuestra vida democrática han resultado del hecho de que los pronunciamientos originales no se cumplen sino que acomodaticiamente, adulterando lo propuesto, empiezan a repararse  y a poner en juego acciones que los desvirtúan, dándose un indebido juego de apariencias con las que se pretende disfrazar lo acordado, repitiéndose las decepciones y las reacciones consecuenciales.





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