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La Italia esquiva del Barça (1/1)

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Barcelona


** A los de Valverde se les escapa el triunfo en Milán, pero dejan encarrilada su clasificación a octavos de final

Un Barça de rosa se presentó en Milán, un rosa «Frigopié» que a mí no me puede gustar más pero que en casa hubo quejas por hallarlo poco masculino. Pletórico el Giuseppe Meazza bajo la lluvia. Lo primero lo hizo Dembélé y correspondió Handanovic con una estirada excesiva, que no guardaba proporción con la dificultad del disparo.

Salió concentrado el Barça, embalado Dembélé, buena circulación del balón, hábil juego entre líneas, Arthur mandando en la distribución y Jordi Alba incisivo por su banda. El viento y la lluvia eran cada vez más intensos pero no parecían afectar el juego de los de Valverde. Todo parecía indicar que el primer gol no tardaría en llegar, aunque faltaba finura en los metros finales. Suárez lo tuvo pero chutó demasiado alto; brillante recuperación de Rakitic.

Al Inter le costaba salir con el balón controlado y el Barcelona insistía en el uno contra uno en su presión alta. Suárez lideraba al equipo en ataque y en defensa, muy activo y responsable, y una auténtica cortina de agua caía sobre San Siro, acompañada de ráfagas de viento que en sí mismas no eran gran cosa –13 kilómetros por hora– pero que resultaban para los jugadores hostilles y molestas. El Barça lo hacía todo bien y las decisiones que tomaba eran las correctas, pero no acababa de lograr el primer gol, y estas cosas se suelen pagar en la Champions. De todos modos, nunca se nos dio bien Italia, y sólo hemos ganado en 3 de las 18 ocasiones que hemos jugado allí.

Aguantaba bien el césped pese al aguacero y la pelota circulaba a la velocidad que le gusta al Barça. Dembélé es muy bueno pero todavía no sabe regatear como Messi y sus llegadas no pasaban de inocentonas. El Inter lo intentaba a la contra creando más sensación de peligro que peligro real, aunque en el intercambio de golpes que empezó a la media hora pudo pasar cualquier cosa. Coutinho hizo lucir a Handanovic poco antes de llegar al descanso. Dembélé perdió intensidad y dio la sensación de que la primera mitad se le acabó haciendo un poco larga. Y lo más claro del primer tiempo lo tuvo Suárez, de un potente disparo desde la frontal del área, que Handanovic rechazó estirándose, esta vez sí, con la contundencia y los reflejos que la delicada situación requerían.

 

Gol de Malcom

 

El Barça continuó mandando en la reanudación y topando con un Handanovic brillante que mantenía vivo a su equipo. El Inter tenía tal vez algo más de llegada, aunque no tanta ni tan pensada como las de los azulgranas. Es cierto que al Barça no le hacía falta ganar, pero en pragmatismo de no tomar riesgos innecesarios, Valverde exaspera a veces un poco al aficionado barcelonista, acostumbrado a que cada partido se justifica por sí mismo y poco amigo de no ir a ganarlo como sea, y más si es en la Champions y con un rival como el Inter. El Barça continuaba en su dinámica de hacerlo todo bien salvo el remate final, y cuando en el remate estaba algo más acertado, Handanovic se encargaba de recordarle lo ingrato que es el fútbol cuando el balón no quiere entrar. Sobre el 63 empezó a calentar Arturo Vidal, pero quien pudo marcar fue Politano, de cabeza, aunque se le fue el cabezazo desviado.

Poco a poco la frustración de los jugadores del Barça se canalizó a través de las individualidades, que intentaban ser cada uno de ellos por separado quienes resolvieran el encuentro. Disparos menores de Rakitic y de Coutinho. Angustia mal llevada. El Inter en cambio se estiraba en su presión cada vez más alta. Jordi Alba parecía necesitar el cambio, pero fue Arthur el sustituido cuando entró Arturo Vidal.

Poco a poco el Barcelona retomó el control del partido. Malcom sustituyó a Dembélé y en el Inter empezaba a hacer mella el esfuerzo. Era el último intento de buscar el gol y finalmente llegó lo que el equipo llevaba toda la noche buscando. Lloró Malcom al celebrarlo, por su temporada difícil, por sus pocas oportunidades de demostrar lo que vale, por lo inexpugnable que parecía la portería de Handanovic. No lloró el Inter y continuó creyendo en el empate hasta el final, consiguiéndolo en el 85 Icardi. Fue el primer remate de su equipo entre los tres palos.

 

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