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Una paradoja más por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros Paolini


Sin lugar a  dudas lo que pasa con el suministro de gas doméstico  es paradójico, incongruente y contradictorio, si es que tomamos en cuenta que las dificultades para la obtención regular y necesaria de ese indispensable elemento no se debe a que haya carencia del mismo. Venezuela es en cuanto a  las reservas de gas, un país privilegiado. Se clasifica como el octavo reservorio en el mundo y el primero de América Latina. Sus reservas llegan a 4,2 billones de metros cúbicos, con lo cual, dicen los expertos, se podría satisfacer la demanda durante unos 115 años.

Chávez, adicto a las exageraciones de tipo demagógico, aseguro que el país estaba logrando una verdadera “revolución energética”, en la que se incluía lo concerniente a hacer expedita la distribución del gas para lo cual optó a nivel de 2002 y 2003  por tomar en sus manos la mayoría de empresas privadas de llenado y distribución de gas doméstico e industrial.

Para completar, así como así, pues siempre pensó con delirio que cualquiera podía apropiadamente asumir cualquier proceso por complejo que fuera, crea PDVSA gas comunal, con lo cual neutralizó, ya lo señalamos,  a las pequeñas empresas de llenado y distribución, dándole el poder a los consejos comunales, aduciendo, como siempre han pensado los comunistas, que el Estado es el único capaz de distribuir equitativamente las riquezas, a diferencia de lo que sucede con lo democrático. También adujo que tal disposición aseguraría un control estricto y mayor seguridad en la distribución.

La paradoja la traemos a colación para considerar el hecho, bastante conocido, de que las protestas que se dan constantemente en las carreteras reclamando el suministro del gas  imposibilitan hacer  viajes en el tiempo previsto. En muchos casos, y hemos vivido la experiencia, el retardo es de horas, y a veces muy prolongado como sucedió hace poco viniendo de Barinas,  pues  la interrupción se prolongó por ocho horas. Quiere decir que al deterioro de nuestras carretearas, a la  falta de mantenimiento,   a sus interminables huecos, a los insufribles “policías acostados” en sitios en donde no se requieren, a las innumerables alcabalas imprevistas  colocadas a veces en vías rápidas, se suma el problema señalado para poder viajar  con cierta seguridad. Hacemos la salvedad de que describimos el hecho de las protestas no como reclamo por la incomodidad que nos producen, pues consideramos que tales tipos de manifestaciones son completamente justas al considerar que el problema, insistimos, es solo el resultado de la incompetencia distributiva del  régimen y de la neutralización de las compañías privadas que atendían a los clientes suscritos en las mismas de manera eficiente y con plena regularidad, bastando una llamada por teléfono para obtener el gas. El problema se ahonda porque inevitablemente toca lo económico. No es para nadie un secreto que hay distribuidores “piratas” que como por arte de magia logran el llenado de las bombonas y cobran cantidades significativas, haciendo de la necesidad el soporte para hacer dinero a manos llenas.

Es necesario violentar tal situación. No podemos seguir cayendo en la indeseable y lastimosa situación de resignarnos, de acostumbrarnos, de aceptar todo un espectro de problemas que pueden ser resueltos si hubiera para ello la voluntad política requerida y la erradicación de la corrupción, resultado de haber optado el régimen por un sistema paralelo de distribución, tendente a la sumisión. Es necesario reaccionar, empezando por reclamar a la dirigencia opositora más coherencia y mayor concreción definitoria en cuanto a las acciones a seguir para neutralizar los pasos firmes que el régimen sigue dando para lograr sus metas comunistas.





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