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Alirio Pérez Lo Presti

Parvulario

Todos somos venezolanos (2) por Alirio Pérez Lo Presti



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Todos somos venezolanos (2) por Alirio Pérez Lo Presti

Twitter: @perezlopresti

 

El tío Pepe salvó la vida de esta forma y cuando el par de hermanos llegó a la casa de mi abuela después haberlo socorrido, el decreto de la nonna, luego de conocer su procedencia, no se hizo esperar: “En esta familia todos somos sirios”.

Desde ese día, unos europeos llegados a América de los cuales soy descendiente, hicieron amistad, cultivaron el respeto e incluso el parentesco con árabes provenientes de Siria. Siendo fieles al legado de mi abuela, no sólo cultivamos el aprecio por quienes son mis hermanos anímicos, sino que comparto su sufrimiento, porque no se es humano si no se es solidario con el dolor de quien por desventura le toca vivir la trágica experiencia de la guerra y el peregrinaje como emigrante que busca un mejor porvenir para su descendencia. Desde lo ético, que es el ejercicio intelectual que está por encima de la moral, somos venezolanos porque nos solidarizamos con el que es perseguido por la barbarie y a duras penas sobrevive a un “viaje” injusto.

Desde nuestros más originarios confines espirituales somos universales porque descendemos de la misma tradición que señaló que sólo existe un Dios y que está representada en la misma raíz que es Abraham, que es el profeta que une el judaísmo, el cristianismo y el islam. Desde lo fraternal, porque mi padrino es sirio y es uno de los ciudadanos más correctos y ejemplares que he conocido en mi vida. Somos de todos lados, porque somos cosmopolitas y revisando mi árbol genealógico hasta donde se pueda, mi Péres es en realidad con “s” y no con “z” en un intento de mis predecesores judíos sefardíes que trataban de ocultar su origen cambiando la última letra del apellido para protegerse de las persecuciones religiosas.

En lo particular soy islámico, judío y cristiano, porque soy venezolano, porque sólo se puede ser una persona honesta cuando no relegamos a nadie por su origen. Menos aun siendo procedente de todas las maneras étnicas de expresarse un mestizaje infinito, sin posibilidades de desligarme de cualquier manifestación de lo que pretenda ser humano.

Ser ciudadano, a veces, necesariamente implica no pertenecer a una ciudad o a un país en particular. En ocasiones ser ciudadano de cualquier parte es un asunto “supramoral”. Un imperativo categórico que está por encima de cualquier posible diferencia aparente.





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