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Tulio Febres Cordero, la lección necesaria por Ramón Sosa

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Don Tulio Febres Cordero


Ramón Sosa Pérez

 

Este año 2018 los merideños estamos recordando a dos grandes prohombres de su intelectualidad como fueron Don Tulio Febres Cordero y Gonzalo Picón Febres, nacidos en la coetaniedad del año 1860; mientras el primero recibe la luz naciente el 31 de mayo, su pariente Gonzalo marca el advenimiento el 10 de septiembre, 4 meses más tarde. Estas razones de celebración fueron objetivo para que la Biblioteca que en la ciudad guarda el venturoso repositorio de su indagación, convocara una jornada con ambos personajes como tema de exposición. El Dr. Jesús Rondón Nucete, Historiador de primera línea sobre el linaje del procerato civil merideño y Nelly Hernández, acuciosa investigadora que desde hace años rastrea la huella del cruce epistolar que Don Tulio y Don Gonzalo protagonizaron en aquella Venezuela convulsa y en medio de tan compleja condición sociopolítica. Se nos formuló invitación a integrar el panel y aceptamos, en virtud de la curiosidad hacia la obra escrita de Febres Cordero, en tanto ella se reporta como venero de lo cotidiano, tratado en una prosa limpia, elegante y sin aderezos estrambóticos. Al contrario, Don Tulio se nos muestra a través de sus escritos en la llaneza y pureza del fiel indagador de lo menudo que con la fe del carbonero va escogiendo los hilos de una trama histórica de grata densidad. Por él conocemos los signos de la Mérida de siempre, expresada en amenas crónicas, deleitables cuentos, ilustrativas historias y un abundoso anecdotario que sin obviar el dato preciso de la historia, igual dirigía a sus contertulio de la Plaza Mayor de la ciudad que a los estudiantes o intelectuales que le frecuentaban. Es, sin duda, un hacedor de historia local que no rehúye el compromiso. Antes bien, el suyo es aporte hacia la rehechura ciudadana desde su puesto de veedor y protagonista cardinal de cuanto acontecía en la villa de entonces. Nada parece escapar de la pluma de Don Tulio. En nuestra disertación apuntábamos que es necesario ya, emprender la relectura de la obra colosal de Tulio Febres Cordero con sentido de grandeza y honestidad, haciéndolo arquetipo de merideñidad porque su obra cobra dimensión insospechada en otras latitudes, si así quisiéramos los merideños. Don Tulio es paradigma de nuestra identidad, por lo que no es justo mantenerlo confinado entre montañas, limitando que la grandeza de su obra escrita se difunda más allá de la frontera local. Entendemos que se hace mucho desde algunas instancias pero hace falta empujar más y estimular desde todos los entes del Estado encargados de divulgar su pensamiento escrito hasta que en un todo envolvente seamos ahora protagonistas de una etapa necesaria. Al efectivo trabajo de la Cátedra Tulio Febres Cordero se ha de apuntalar la implementación de jornadas, foros, debates y otras modalidades de discusión para que a todos llegue pronto la lección de Don Tulio, alma y calco de nuestra Mérida de todos los tiempos.   





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