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AL FILO DE LA VERDAD

Racismo Comunal por Giovanni Cegarra

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Giovanni Cegarra


Ir a una panadería, abasto, bodega u otro establecimiento similar en Mérida e imagino será igual, en los que existen en el interior del Estado, es someterse a la humillación, discriminación, racismo comunal, que imponen los ya considerados mafiosos que integran los Consejos Comunales que manejan a su antojo, la venta del pan, harina, azúcar, entre otros productos, a los que solo tienen acceso, sus familiares, allegados, lacayos de su entorno y de ello, soy fiel testigo.

Estos sujetos de los Consejos Comunales en cualquier sector de la ciudad, practican todo un racismo comunal para la adquisición de los productos comestibles, actividad mafiosa que latente en sectores como Belén, La Milagrosa, La Parroquia, Chama, El Arenal, Zumba, Campo de Oro, Los Curos, entre otros, en los que si Ud. no es allegado a ellos o por una no vive en el sector, no tienen derecho a comprar el producto que se esté vendiendo en determinado día de su existencia.

El Registro Comercial de un supermercado, abasto, bodega, bien claro define que el negocio como tal, es para la venta al público en general, de variedad de productos y en ninguna de sus cláusulas, dice que debe acogerse a lo que diga e impongan los del Consejo Comunal, por lo que cualquier persona tiene derecho a adquirir un producto, sin que  tenga que ir a implorarle a estos fulanos por demás mafiosos, a que le den un ticket para poder hacerse de una bolsa de pan sea o no regulado, harina, huevos, aceite, etc., etc., etc.

El racismo comunal impera en Mérida, solo los allegados a los Consejos Comunales, tienen derecho a adquirir en lo abastos y negocios que dominan mafiosamente, cualquier producto en existencia y ni se diga, de las codiciadas cajas del CLAP, otro negocio racista, en detrimento de la familia que realmente las necesita, cruel verdad y realidad, en esta ciudad, en la que no hay Gobierno ni Protector del Pueblo que valga, duela a quien le duela, cáigale a quien le caiga y “al que le caiga el guante que se lo plante”, con Dios, a más ver, punto en boca. 





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