Inicio

Opinión



EL BODEGUERO DE LA ESQUINA por Ramón Sosa Pérez

Diario Frontera, Frontera Digital,  RAMÓN SOSA PÉREZ, Opinión, ,EL BODEGUERO DE LA ESQUINA por Ramón Sosa Pérez
Ramón Sosa Pérez


El país se desdibujó frente a nosotros y con el mayor desparpajo. Pérez Jiménez permitió una avalancha de foráneos con la excusa de aparejar la clase media y aquellos canarios, españoles, italianos y portugueses desempeñaron útiles oficios en la sociedad: mecánicos, sastres, zapateros, pulperos y agricultores, según el sitio y pericia pero en el centro una mayoría se hizo bodegueros y así el portu y el musiu se familiarizaron en sus puestos de trabajo para servir.

Más tarde, los pueblos interioranos se fueron llenando de negocitos, tiendas y espacios para mercar pero a cargo de los criollos y la bodega entonces se hizo venezolana. El bodeguero se hizo amigo, confidente y vecino de penurias. Si el sueldo era bueno, él lo sabía y si la cosa andaba mal, también el tendero se enteraba, de modo y manera que nuestra suerte iba pareja con su pequeño emprendimiento. Él celaba nuestro presupuesto porque lo conocía a pie juntillas.

Para la señora de la casa era el confiado para salir del apuro y así enviaba al muchacho a comprar café, pan, azúcar, arroz o aceite con la premura del caso pues en la bodega de la esquina siempre había despensa para remediar el aprieto familiar. Con dinero o sin él, el bodeguero surtía y solucionaba. Era su paño de lágrimas. Nadie regresaba al hogar sin que el consabido señor de la bodega le ayudara en el trance hogareño.

Hoy se liaron los bártulos porque esta figura emblemática de la Venezuela sin retorno, desapareció. Los ahogó la crisis condenándolos a su extinción y quienes ahora prosperan son árabes y asiáticos con expendios que pretenden sustituir a nuestros francos servidores que convivían en el barrio, vereda o calle de nuestros pueblos. No son afectos a la sensibilidad popular porque no viven entre nosotros ni sus costumbres son las nuestras.Este país, ajeno a la identidad vernácula del ayer, se enmarañó en un espejismo sin medida y ahora nos cuesta hacernos entender en nuestro propio suelo y en nuestra propia lengua con quienes en hora aciaga pisaron la tierra que vio crecer al Bodeguero de la Esquina; consuelo y esperanza, amparo y seguridad cuando en el hogar materno faltaba el pan. Es que ahora nos gobiernan musiues y no aprendimos a hablar chino.





Contenido Relacionado