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Don Ciro por Carlos Guillermo Cárdenas D.

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Carlos Guillermo Cárdenas


Don Ciro fue un hombre caritativo, bondadoso, solidario y fraterno. Sus manos generosas estuvieron abiertas a las iniciativas de contenido social y humanitario.

Cuando las circunstancias ameritaron, ante la escasez de insumos y materiales para los estudios especializados de imágenes  en los enfermos del corazón, bajo el doctor George Inglessis Varela como director del Instituto de Investigaciones Cardiovasculares en la década de los 80s, se creó la Fundación de Amigos del Centro Cardiovascular (FACICARDIO), que fue el soporte de la actividad médico asistencial y académica del instituto. Don Ciro participó desde los primeros días en la creación de la Fundación como miembro principal de la Junta Directiva. Su oficina personal en la Compañía Ciro AgroCars, acogió las reuniones regulares de la fundación. La señora Carolina, su secretaria, colaboró con la mayor eficiencia y esmero en las actividades. Todos los archivos de la Fundación, el acta constitutiva, las actas de las reuniones de la Junta Directiva reposan en los espacios de Automotores Ciro.

Ese corazón noble de D. Ciro Uzcátegui Briceño para con los niños, adultos y viejitos enfermos del corazón es un hecho único en la historia de la Cardiología de Mérida. A él, en buena medida, le debemos el éxito de FACICARDIO. No peco en exageración, cuando afirmo que ha sido la época del Instituto de mayor capacidad financiera para cumplir las actividades asistenciales y académicas, tanto en el área clínico cardiológica como la cirugía de corazón abierto.

Lamentablemente la miopía del Ministerio de Salud al proscribir la fundación, causó un daño irreparable a la actividad del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Los Andes.

La Universidad de Los Andes le confirió la condecoración “Dr. Pedro Rincón Gutiérrez” en reconocimiento a su dedicada contribución, responsabilidad y ética para el desarrollo de la institución universitaria. Durante más de tres décadas integró la junta directiva del Consejo de Fomento de la Universidad de Los Andes, en calidad de asesor principal.

En relación al país, solía decir: “Tengo Fe que vendrán nuevos tiempos para lograr un país donde se disfrute de seguridad, progreso y libertad”.

D. Ciro fue un hombre de cristiana reciedumbre, creyente en el humanismo que su formación social cristiana le enseñó en sus incursiones políticas juveniles. En él cabría aquella expresión “suave en la forma y firme en lo fundamental”.

D. Ciro fundó una honorable familia merideña con doña Epifania Vivas que con sus hijos Ciro Alberto, María Virginia, María Isabel, Carolina, Fernando y María Eugenia, constituirán, el soporte a futuro de su obra. Invocando la memoria del político y académico doctor Germán Briceño Ferrigni, podríamos expresar que D. Ciro fue “un peregrino de alforjas y bien provisto de sueños”.

Para finalizar, transcribo “En paz” del gran poeta mexicano Amado Nervo, que don Ciro repetía:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, 
porque nunca me diste ni esperanza fallida, 
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; 

porque veo al final de mi rudo camino 
que yo fui el arquitecto de mi propio destino; 

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, 
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: 
cuando planté rosales, coseché siempre rosas. 

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

Paz a sus restos





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