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Las Misas de Aguinaldos por Giovanni Cegarra

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GIOVANNI CEGARRA



Para los venezolanos las Festividades por la Navidad y Fin de Año, vienen acompañadas de una diversidad de costumbres y tradiciones arraigadas desde etapas antañonas, que con la paulatina pérdida de valores, la propaganda mediática apabullante y voraz desarrollo comercial, han desnaturalizado el sentido fraternal familiar tradicional, que han sustituido la alegría natural que por estas fechas de fin de año, lo son, las tradicionales Misas de Aguinaldos.


Las Misas de Aguinaldos de hoy día no son ni comparadas con las de otrora tiempos pasados. Recordar es vivir y ojalá se pudiese regresar a la vieja tradición pueblerina citadina terruña de la Región Los Andes de Venezuela, que a pesar de los cambios bruscos desculturizados, aún mantienen a duras penas, tradiciones y costumbres por la Navidad y Fin de Año.


La Festividad Navideña venezolana ha sido siempre lo del pesebre, como hacerlo con estilo propio, que sí el cerro, el nacimiento, las figuritas, luces y en medio de la preparación para ubicarlo en él mejor rincón de la vivienda, la familia entera se ponía de acuerdo para ir a la Iglesia a las Misas de Aguinaldos, dormir y pararse temprano, ya que eran muy de madrugada, a las cuatro, uno de los vecinos, hacía estallar un mortero para despertar a todos por la cuadra, abrigarse bien, los niños y jóvenes tomar los patines, carretas, todos en familia y grupo vecinal, a disfrutar de la tradición.


La algarabía era desbordante alrededor de la Iglesia Parroquial. Dentro de ella se escuchaban los villancicos entonados por un grupo Aguinaldero del barrio, los morteros no dejaban de sonar, los niños y jóvenes inundaban el ambiente con el ruido de los patines y las carretas, a lo que se sumaba la vocería de los vendedores de chocolate, café, arepitas, buñuelos, hallacas, “el calentaíto pal frío”, el ambiente era netamente familiar, todos se conocían, compartían, participaban de la Misa, escuchaban la homilía del Párroco que en vez en cuando, pegaba un regaño por el mal comportamiento vecinal.


En verdad, que las Misas de Aguinaldos eran del reencuentro, amistad y fraternidad, hasta de “levantarse una muchacha”. Todos compartían sin mirar a quien, una gran familia vecinal alrededor de la tradición que significaba el período religioso de Adviento, la rememoración del nacimiento del Niño Jesús y por supuesto, no faltaba el comentario infantil con lo de “la carta al Niño Jesús” que colocada en el pesebre, a la espera que en la media noche del 24 de diciembre, el Niño Dios le trajese su regalo.


Las Misas de Aguinaldos eran madrugar, compartir, cantar villancicos, patinar en las Plazas y Parques, en las frías madrugadas del 15 al 24 de diciembre, mes de la Navidad y el advenimiento de un Nuevo Año, un mes de reencuentro familiar, que hoy por hoy, se ha perdido mucho, en lo que a tradición y costumbre se refiere, uno que otros la conservan, en la medida de las posibilidades que las actuales circunstancias lo permiten.


Indudablemente son otros tiempos pero no implica que no podamos rescatar el reencuentro con la vieja Navidad, esa de ferviente tradición familiar religiosa e identificarnos con nuestros semejantes, con nosotros mismos, en una época de fraternidad.






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