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De los concejos municipales por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros Paolini



A pesar de que debía ser al revés, cada día las agrupaciones organizadas, en  especial los partidos políticos,  siguen  distanciándose  en cuanto a actuar en procesos que requieren de criterios uniformes, de manera tal que el peso de lo numérico y de los acuerdos, puedan tener algún impacto que debilite al régimen.


Ese fenómeno se dio de nuevo en las elecciones para la conformación de los concejos municipales. Aunque se presenten situaciones ajenas a lo que hubiera podido ser la decisión de votar  o no votar de los partidos y otras organizaciones sociales,  lo importante hubiera sido que lo uno o lo otro se hubiera decidido uniformemente,  partiendo de criterios convincentes. Es tal la situación que el determinados municipios los partidos que decidieron votar lo hicieron aisladamente, sin ningún tipo de acuerdo.


Sin embargo, creemos  que aunque los partidos de oposición hubieran decidido en su totalidad votar, la abstención seguiría siendo significativa. Se trata, y esto es a nuestro entender determínate, de una marcada indiferencia en la población, que resulta de sentir que votar tendría  sentido en la situación que vivimos, si se tuviera la seguridad de que “el triunfo electoral” generaría un mecanismo efectivo de presión que produciría  fracturas en el  régimen.


El argumento consolador de algunos dirigentes es el de que la abstención se debió al hecho de que los concejos municipales no tienen ningún poder ejecutivo y por tal su participación en la solución de los problemas sería insignificante. Craso error, los concejos municipales emiten acuerdos obligatorios denominados ordenanzas; regulan y controlan los otros entes municipales  y la administración municipal; nombran al contralor municipal; en ocasiones deben ratificar decisiones del alcalde para que tengan validez; y, muy importante, aprueban los presupuestos municipales.  Al argumento l anterior se agrega el que muchos no votaron como protesta por el hecho de que las elecciones de  concejos se hayan realizado, irrespetando la Constitución, es decir, separadas de las elecciones para alcaldes;  que no lo hicieron por seguir teniendo desconfianza en el CNE; y, en fin,  por el desconocimiento muy generalizado de las atribuciones legales de los concejos municipales.


Se entiende que para muchos una o varias de las razones anteriores hayan influido, pero ninguna puede tener validez para las decisiones de las organizaciones de carácter relevante,  pues deben perfectamente estar claras en todo lo referente a los concejos municipales, de lo que se deduce que la abstención fue en sí para ellos una contundente protesta contra el régimen que no logra con el argumento  de “votación democrática” neutralizar la apreciación de sectores nacionales e internacionales en cuanto a que  los resultados son ilegítimos pues sin que haya ningún patrón establecido, así lo indica el porcentaje que se eximió de votar.


Por nuestra parte, agregamos a las consideraciones anteriores el hecho de que la población ha dejado de considerar como respetables los organismos gubernamentales, convencida de que salvo algunas excepciones, no son valorados positivamente, no aseguran las soluciones deseadas, y que por el contrario los problemas se acentúan. Y un indicio claro de esa apreciación es el sentimiento generalizado de que la “majestad” (a lo mejor nos llaman conservadores por el término) se ha deteriorado: la presidencia no tiene prestancia, tal como también sucede con los ministerios, las gobernaciones estadales y municipales, las entidades administrativas y  todas las reparticiones que conforman el poder judicial, que se manejan sin generar sentimientos de respeto y credibilidad.






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