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El Reverón de Federico Vegas por Ricardo Gil Otaiza

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Ricardo Gil Otaiza



Considero que la novela Los incurables, de Federico Vegas, Editorial Alfa (2012), no recibió la atención debida, ni de parte de la crítica ni del público lector. Por lo poco que he podido leer de algunos de sus hipotéticos lectores, hallo que no lograron captar a plenitud la densidad del relato, para expresar con desenfado y sin criterio analítico que es un libro aburrido, que no llega a nada, que divaga en torno del personaje (tal vez sea una mera excusa) para recrear un tiempo histórico, para internarse sin pudor en su propia interioridad (una suerte de yoidad).


Transijo que no es un libro convencional, que se aleja ostensiblemente de lo canónico, para irrumpir en el medio literario venezolano con una propuesta que busca indagar en las fuentes vivas (psiquiatras, amigos, críticos de arte, coleccionistas, autores) en torno del último año del gran pintor venezolano Armando Reverón en el Sanatorio San Jorge, con la excusa de escribir un texto indefinido (novela, biografía, ensayo…) que lo rescate del alevoso olvido. Para esto, Vegas echa mano de interesantes recursos, mediante los cuales intercala voces narrativas, en un afán por dilucidar un tema denso, que a veces se aleja en portentosa impredecibilidad, hasta hacer de sus páginas una suerte de árbol gigantesco cuyas ramas amenazan con seguir diversificándose hasta el infinito.


Con el ánimo de indagar en torno del pintor, el narrador (el propio Vegas) se da a la tarea se entrevistar cada miércoles en la mañana, y durante varios meses, a un personaje oscuro (más adelante nos enteramos que es apócrifo), llamado José Rafael Hutchson Sánchez, supuesto psiquiatra que fue testigo de los últimos meses de Reverón en San Jorge (a todas luces es alter ego de Vegas).


Logra el autor avanzar en medio de disímiles obstáculos (incluso: su propia inseguridad) hasta entregarnos una obra que nos hace reflexionar, y con agudeza, sobre la vida, el arte (la plástica y la literatura), y el destino nacional. Si bien, el ambiguo y escurridizo Hutchson nace con el pretexto de contarnos los detalles del devenir personal y de la obra de Armando Reverón en sus últimos meses de existencia, cobra vida propia y se escapa de las manos de su creador, al lograr escamotear jubiloso su destino para erigirse en coprotagonista y eje sustantivo de la trama.


Los incurables es un buen ejercicio narrativo. Si bien, pudo resolverse en menos páginas y ahorrarse los altibajos de una obra cantada que buscaba con ansias elevadas cimas estilísticas, el merodeo excesivo en torno del personaje central y su destino, le sirve a Vegas de excusa para lucirse con una prosa que apuntala con éxito los altibajos de un libro que se escribió a sí mismo, en una especie de autarquía propia de las mejores propuestas literarias.


 


@GilOtaiza


rigilo99@hotmail.com






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