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Padres, hijos y educación por Alirio Pérez Lo Presti

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Alirio Pérez Lo presti



Twitter: @perezlopresti


 


La primera vez que subí una montaña tenía cinco años. Mi padre daba clases en la que actualmente se llama Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales de la Universidad de Los Andes y frente a dicha dependencia existe una loma que los merideños llamamos el cerro de forestal. Como mi padre es botánico, solía llevarnos a mis compañeros de estudio y a mí al campo en un afán de sembrar el espíritu conservacionista y el amor por la naturaleza en cada uno de los que lo acompañábamos. Tomaba una rama o una hoja, la miraba con una lupa y decía su género, especie y nombre común.


¿De dónde sale una persona así?


Mi padre pasó su infancia en un campo ubicado en el estado Lara llamado “Pozo Arriba”. De niño era pastor de cabras. Cuando leí a Miguel Hernández, le dije a mi papá: “Mira, éste poeta era pastor como tú”. Vivió una infancia rural marcada por el contacto con la naturaleza, sus fenómenos y la interpretación de los más disímiles instrumentos musicales. El abuelo Valentín, padre de mi padre, es un reconocido floklorista que cultivó el Tamunangue como pasión de vida y tenía una distribuidora de leche que surtía a El Tocuyo, repartiendo la misma en una tropa de bicicletas. Para mi abuelo, lo más importante era que sus hijos estudiasen en la universidad de Mérida, por lo que mi papá de pastor de chivos fue a la universidad autónoma y con una beca logró graduarse y ser profesor universitario, además de hacer estudios de botánica avanzada en los Estados Unidos. Ese es uno de los más grandes éxitos en materia educativa de nuestra nación. La posibilidad de que sus más disímiles hijos hayan tenido acceso a una educación gratuita, de extraordinaria calidad con un elemento igualitarista que unificaba a personas provenientes de los más distintos orígenes.


Está en riesgo la supervivencia de lo que una vez fue la demostración de máximo nivel de civilización de la sociedad venezolana. Nuestras universidades autónomas brindaron la oportunidad a los venezolanos de todos los orígenes de tener una educación de altura. Lo digo con conocimiento porque provengo de su seno y como académico me entusiasma que, ante tantas adversidades, los venezolanos brillemos con luz propia en cualquier lugar del planeta.


Cuando algún muchacho un tanto desorientado me pide un consejo, sólo insisto en que no deje de estudiar: El estudio es la gran herencia que se nos deja a una generación a la cual pertenezco y suelo defender.






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