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“Todo es personal” por Alirio Pérez lo Presti

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Alirio Pérez Lo Presti



@perezlopresti


 


Cuando le damos el carácter valorativo a algo, lo volvemos consustancial a nuestra naturaleza. Por ello, cuando hablamos sobre temas inherentes a aquello que atribuimos nivel de valor, lo asumimos como personal. La religiosidad, la política y la sexualidad, por ejemplo, pueden ser tres elementos incrustados en nuestro centro íntimo. De allí que se asuman con carácter valorativo y generen asperezas y discordias cuando son cuestionados. Si se nos discute una creencia que tiene el alcance de valor, tendemos a rechazar a quien lo hace, porque las creencias, independientemente de cuáles sean, son las que nos dan estructura. El creer nutre las bases de aquello que da ordenación y solidez a nuestro mundo interior, a nuestro centro íntimo.  Con frecuencia escuchamos, tanto en los diálogos de la cotidianidad como en las discusiones más “académicas” que podamos imaginar, esa frase que de tanto escuchar termina produciendo hasta risa: “No es personal… pero…” y ahí le sueltan a uno el guamazo y a duras penas logramos recuperar el aliento. Cuando emitimos un juicio o tratamos de construir un concepto con relación a cualquier cosa, constantemente se trata de un asunto estrictamente personal. Solemos esgrimir argumentos según nuestros intereses o creencias, incluso en el mejor de los casos, emitimos ideas basadas en prejuicios. O sea, es personal.


Fulano me cae mal, mengana es una tozuda, Pedro es un aguafiestas. Todo desde nuestra óptica totalmente distorsionada y personalísima de atrapar cada cosa que nos parece real. Cuando alguno señala ser neutral, generalmente es porque tiene temor a opinar o se trata de un simple acto de hipocresía (o adaptabilidad) social. Pareciera que lo más honesto es mantenernos alejados del asunto en cuestión. Algo así como aceptar que desde nuestro personal mundo, eso no nos interesa porque no forma parte de las cosas que cargamos (con todo su peso) en nuestra mente. Me parece más honesto que asaltar a los demás con la consabida frase “no se trata de un asunto personal”. Cuando un monje se inmola por sus creencias, se trata precisamente de sus creencias, o sea, es un asunto personal. Cuando dejamos de amar o amamos en demasía, es un asunto que por demás vale la pena mencionar que es personal. En fin, tanto darle al tema de no personalizar las cosas para que al final tengamos que parecer actores de una comedia mal elaborada. Probablemente algo no nos parezca propio si no nos afecta directamente, pero cuando la cosa se nos acerca, pasa a otra dimensión y lo particular aflora con el mayor de los descaros. El hombre es un animal cundido por lo pasional, por emociones diversas (hasta antagónicas) y atormentado o controlado por sentimientos.


¿Cómo pretender que la cosa no es “personal”?






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