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CUÁL GOBIERNO, SI TODO ES IGUAL por Ramón Sosa Pérez

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Ramón Sosa


En cuestiones de gobierno nadie parece hacerse responsable de nada. Eso es lo que ahora ocurre en Venezuela y el ciudadano de a pie apenas es “útil” a la hora de elecciones, condenando su título de ciudadano al interés del apetito político, sin que medie diferencia de colores. En esto, como en otras menudencias, todos calcan su estilo.  

Las cosas no andan bien cuando hurgamos en el modo de actuar de nuestros políticos, de cara al gobierno. De candidatos, los vemos en la espontaneidad de la promesa fácil pero al llegar al poder que ese mismo pueblo les otorgó, la soberbia y arrogancia los lleva a desconocer lo que antes dijeron con total desparpajo.

Cuando ese pueblo, que sólo sabe de penurias, pide les sean proveídos servicios públicos, vialidad, salud o educación, lo que recibe son agravios. Pedirlo ante un organismo es, sin más, oír el rebote de cargas con la clásica coletilla: “eso es materia del gobierno nacional”, “eso compete al Estado”, “que lo resuelva la Alcaldía”, etc.

Deslizar el compromiso de atender al pueblo se ha vuelto doctrina de organismos, ignorando que es su prioridad. Entretanto, los ciudadanos aceleran la pesadumbre de saberse inermes en un país que se desvaloriza en sus instituciones por la merma de credibilidad en sus delegados; los mismos que cavan su sepultura faltando a sus deberes.

Si un chofer evade la luz del semáforo y alguien le advierte, no tarda la frase: “sin fiscales, hago lo que quiero”, “me vas a pegar una boleta o qué”. Si el caso es pedir fineza al funcionario que tira la puerta para no atender porque “va a entrar a reunión”, se arriesga a la expresión: “si no le gusta, vuelva otro día” o “de todas maneras, mi pago será igual”.

Nuestros líderes, al echarse culpas por la indolencia, deja ver sus costuras. Son inhábiles para dialogar y hacer que despunten los derechos de todos y no los de su partido. Son torpes al gobernar en perjuicio de otros. El egoísmo los hace vulnerables a cualquier medición electoral mientras el pueblo ensaya una y otra vez, a ver si acierta. 

Ellos excluyen el criterio que la avanzada universal impone en norma y los pueblos reclaman como vía para superar sus carencias. La coexistencia gubernativa o gobernabilidad concebida como avenencia necesaria en el gobierno, es lo que puede conducirnos a mayores niveles de desarrollo social, económico y ciudadano. Si no lo entienden, el pueblo se los hará entender, en su momento.





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