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El voto de opinión: El reto de la política Colombiana por Carlos Osorio

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Carlos Osorio



@carlososonar


 


Creo que ha crecido en Colombia la importancia del voto de opinión, el voto que no está afiliado necesariamente a maquinarias políticas, que además no considero sea negativa la afiliación del voto, pues es la lógica de una democracia de partidos, sin embargo geográficamente se presenta más allá de lo que se consideraba el fortín de este fenómeno, como lo era Bogotá.


Pudiese verse fortalecida esta tendencia por razones diversas, como el desgaste propio de los partidos, la presumible poca transparencia de la actuación de algunos funcionarios públicos y sus gestiones, la ausencia de percepción de relevo generacional, la lentitud de respuestas en mejorar la calidad de vida ciudadana, el crecimiento de la clase media, el aumento de los niveles de escolaridad, la mayor presencia poblacional en centros urbanos, el acceso rápido a información por medios digitales, el bajo marketing de gestiones de gobierno, y sin duda las segundas vueltas electorales presidenciales, en fin, ha llegado por una mezcla probable de estas y otras razones.


La Doctora Laura Gil ya señalaba tiempo atrás, que el voto del colombiano se iría inclinando hacia el voto de opinión “por el desgaste de la política tradicional, la necesidad de un cambio generacional y la insatisfacción por las prácticas políticas”


Analistas como el Doctor Hernardo Llano, quien en un momento describió que todo voto es de opinión, sin embargo muchas veces “no expresa una opinión sino una necesidad, interés o ambición personal”,


La Doctora Laura Wills le agrega en mi criterio un componente que estadísticamente ya apreciamos sobre el voto de opinión: “no son constantes de una elección a otra”, es decir, es la oferta electoral, la contundencia del mensaje de campaña, la alineación con los valores del momento y la coincidencia con paradigmas que inclinarán la decisión del voto.


A partir del plebiscito del año 2.016, en mi criterio, se hizo patente una expresión estadística de ese voto, cuando de forma inesperada, el NO, le gana a la propuesta de paz que se dirimía, por supuesto, “razones” jurídicas, morales y políticas llevaron a la opinión de quienes votaron en ambos sentidos.


Podemos hablar ya de expresiones de estadística electoral, una de ellas pueda ser el alto nivel de participación en las consultas interpartidistas de marzo del 2.018, así como la volatilidad de votos a las candidaturas presidenciales, pueden tener en su expresión numérica y geográfica claras descripciones de esa expresión ciudadana


La presencia del voto polarizado en la elección presidencial, la presumible oferta de dos modelos, la crítica al sistema impulsada como tesis por uno de los candidatos, así como la oferta de legalidad y centro en la economía por el otro bloque, llevaron al colombiano a razonar su decisión, e interpretando más allá los números, en la primera vuelta, la votación de Sergio Fajardo, es en suma significativa de lo que pudiese entenderse como voto de opinión, sobre todo su resultado en Bogotá y su posterior llamado al voto en blanco que logró hacer crecer este valor para la segunda vuelta en 467.000 votos más que en la primera vuelta, llevándolo a los 808.000 votos.


En algunos casos que bien se pueden citar de municipios ya se había visto el avance y en algunas ocasiones, triunfo de sectores ajenos a los partidos tradicionales, quienes ejecutaron sus campañas con creatividad y tino comunicacional


Viene un momento electoral en el que se escogerán Gobernadores, asambleas departamentales, alcaldes, concejales y ediles, elecciones que en muchos casos puede ganarse por pocos votos, sin duda será relevante una combinación de votos partidistas, de opinión, la correcta determinación de mercados electorales, campañas atinadas para comunicar de forma oportuna mensajes que capten la atención positiva del ciudadano.


Viene el reto de los candidatos y bloques políticos de usar las técnicas modernas de estudios de opinión, para apreciar con certeza que valores comunicacionales tiene el colombiano de hoy, cuáles son sus apreciaciones sobre el devenir de sus departamentos y ciudades, planificar su oferta electoral y desarrollar una campaña que sea significativamente diferente al desempeño electoral precedente.






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