Mérida, Enero Miércoles 21, 2026, 09:00 pm
Apartaderos, Mérida. Este sábado 12 de julio, la comunidad de Apartaderos, en el municipio Rangel, epicentro de los daños causados por las torrenciales lluvias del pasado 24 de junio, se congregó en una emotiva misa de Gratitud y Esperanza. La Eucaristía, celebrada por Monseñor Helizandro Terán Bermúdez, Arzobispo Metropolitano de Mérida, y concelebrada por los presbíteros Edduar Molina, Carlos Zambrano, Guzmán Contreras, el párroco de San Rafael de Mucuchíes y Abdon Araque, párroco de Santa Lucía de Mucuchíes, fue un acto de fe y agradecimiento por los esfuerzos de reconstrucción.
El evento contó con la destacada presencia de autoridades regionales, incluyendo a la Primera Dama del estado Mérida, Anyibel Araujo de Sánchez, y la Presidenta del Consejo Legislativo del Estado Bolivariano de Mérida (Clebm), Delia Vera, lo que subraya el espíritu de unidad y colaboración entre la Iglesia, el gobierno y la sociedad civil para superar la adversidad.
Un llamado a
la esperanza y la unidad
Durante su sentida homilía, monseñor Helizandro Terán Bermúdez enfatizó la importancia de la fe y la unión frente a la tragedia. "En esta zona de Apartaderos, donde se han hecho tan visibles los daños que han producido las lluvias, las vaguadas de días anteriores, hemos querido tener una eucaristía para darle gracias a Dios por todo el esfuerzo que se ha hecho para reconstruir lo que se ha derrumbado", expresó el Arzobispo Metropolitano.
A pesar de una ligera llovizna y el frío paramero, la comunidad se
mantuvo firme en su alabanza y en su petición para que cese el mal tiempo y se
bendigan los campos y las cosechas.
Monseñor Terán agradeció explícitamente a todos los organismos y sectores —nacionales, estatales y municipales— que han colaborado en la restauración de la zona, a la Fuerza Armada Bolivariana y, de manera muy particular, a Cáritas y a todos los hombres y mujeres de buen corazón de Mérida y Venezuela que han contribuido.
Subrayó que "Dios no está de parte del mal, Dios no está de parte de la tragedia", sino que su amor sustenta y acompaña, y que la fraternidad y la unión son esenciales para la reconstrucción.
Concluyó su mensaje con un llamado aliento, citando el Salmo 28: "El
Señor es mi luz y mi salvación, el Señor es la defensa de mi vida, ¿Quién me
hará temblar?", asegurando que la Iglesia y la sociedad merideña están con
los afectados, trabajando incansablemente.
Voces de
gratitud y compromiso
El padre Edduar Molina, Vicario de Pastoral, extendió su gratitud al "gran equipo de laicos, movimientos, asociaciones, cofradías" que se unieron para la Eucaristía. Resaltó la "cultura del encuentro y de la diversidad en medio de la unidad" que se manifestó en Apartaderos, donde personas de diversas tendencias políticas, ideológicas y religiosas confluyeron para ayudar, priorizando la humanidad por encima de todo.
Instó a seguir construyendo comunidad, familia y solidaridad, invocando la guía de San Rafael para una Iglesia de misión, comunión y participación.
Por su parte, el padre Carlos Zambrano, Director de Cáritas Arquidiocesana, detalló el despliegue de trabajo en el Páramo, la cuenca del Chama y otros sectores afectados. Mencionó la entrega de kits de higiene personal, alimentos y el inicio de jornadas médicas. "Cáritas es de ayer, es hoy, será mañana, que es el signo pues del amor entre los hombres", afirmó.
Agradeció a los entes nacionales e internacionales que confían en Cáritas para
hacer llegar la ayuda a quienes más la necesitan, y subrayó que el trabajo
continúa en la fase post-evento, con atención psicológica, de salud y
emocional, además de apoyo en la reconstrucción física de las viviendas. La
colaboración entre Cáritas y los organismos del Estado ha sido fundamental para
sumar esfuerzos y asistir a los damnificados.
Esta misa de Gratitud y Esperanza no solo fue un acto litúrgico, sino un poderoso símbolo de la resiliencia y la profunda fe de una comunidad que, ante la adversidad, se niega a rendirse. Demostró que la solidaridad y el amor al prójimo trascienden cualquier barrera, reafirmando la convicción de que, unidos, es posible reconstruir no solo lo material, sino también el espíritu y la esperanza de quienes han sufrido.
La jornada en Apartaderos ratifica que la fe, la acción conjunta de la iglesia y el Estado, y el compromiso de cada ciudadano son los pilares para superar los desafíos más grandes y edificar un futuro de esperanza. /RFD