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De nuevo se sonríe por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros Paolini



Todos lo sabemos, los venezolanos habíamos entrado en un estado de letargo, de resignación y hasta de indiferencia a pesar de constatar día a día como la cúpula gubernamental con el apoyo de unas fuerzas armadas sumisas, desgarra económica, política y socialmente a nuestro país, llevándolo a un estado de dolorosa anomia, es decir, de desorganización social por efecto de una falta o incongruencia de las normas que deben regirla de acuerdo a los dispuesto legalmente.


Pero de pronto empezamos de nuevo a sonreír, a mirar con esperanza las posibilidades ciertas de una trasformación gubernamental. Ese nuevo estado de ánimo se notó objetivamente en la efervescencia  que  caracterizó a  los llamados “Cabildos”,  hechos efectivos sin necesidad de una convocatoria diseñada minuciosamente, con  rapidez entre el llamado y la realización y dando la  sensación de que se concreta una unidad verdadera, la necesaria para alcanzar objetivos hasta el momento inalcanzables por las anómalos intereses personales y grupales.


Y sin la menor duda, la nueva posición emocional de los venezolanos en general y el sentido de unidad de los partidos y agrupaciones de todo tipo, ha sido en gran parte resultado de la aparición de un liderazgo joven, fresco, motivador, con sentido renovador, sin poses ni discursos demagógicos, de comportamiento humilde y accionar sin aspavientos, representado por Juan Guaidó, diputado por el estado Vargas y Presidente de la Asamblea Nacional desde el 5 de enero de 2919. Su juventud, tiene 35 años, está solidificada intelectualmente como Ingeniero Industrial, con postgrados en Gerencia Pública en la Universidad George Washington, en la Universidad Católica Andrés Bello  y en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA)  y con actividad política desde muy joven, siendo cofundador del partido Voluntad Popular,


Creemos que en Guaidó se dan aspectos que nos aseguran que su liderazgo se irá consolidando con rapidez. El nuevo líder se expresa con claridad y sencillez, característica de todos los hombres célebres; demuestra la audacia necesaria que le debe servir de guía para alcanzar logros significativos; es conocedor de la realidad prevaleciente  y sus razones de ser, causa por la cual puede actuar efectivamente en su transformación, eximiéndose de afectaciones, alejándose  de vanidades y de la charlatanería, lo que asegura que puede   lograr erradicar la contradicción entre el ser, el pensar y actuar. Con su mensaje esperanzador, sustentado en la certeza de lo que debe ser el futuro del país, enseña acerca del valor del porvenir.


Ahora bien ¿Ese nuevo liderazgo y la unidad que se ha producido al parecer sin las inveteradas contradicciones, ha mostrado algún resultado importante? La  respuesta es afirmativa y no tiene nada e especulativa, pues de ella ha sido protagonista la gran mayoría de los venezolanos, que con bravura, ardor y voluntad, esa que surge cuando se tiene la convicción de  la necesidad de convertirse en factor fundamental para lograr la trasformación que necesita este deteriorado y destruido  país, se concentró en todos los rincones de nuestra geografía, reclamado con energía, como nunca antes había sucedido en Venezuela, la necesidad de un nuevo Gobierno. Lo que sucedió el 23 de enero es uno de los hechos más importantes de nuestra historia, pues ha repercutido con fuerza en todo el universo, como  no sucedió antes en nuestra atribulada historia.


A esa reacción, se agrega el hecho de que con base en la propia Constitución y como lo pedía categóricamente el pueblo y varios países,   el joven Juan Guidó fue proclamado como Presidente interino, cabeza del poder ejecutivo, debiendo entender  que dicha proclamación  no es el final de la lucha para erradicar de raíz el régimen, pues habrá en el camino miles de obstáculos que hay que desbrozar con inteligencia. Para ello  el pueblo debe mantener el rastrillo y la escoba de la protesta, hasta lograrse con efectividad lo que queremos para el país, teniendo claro el hecho de que los cabecillas del ejército, al grito de Chávez vive y que hay que defender el socialismo, siguen empeñados en su actitud servil, difícil de erradicar pues las prebendas obstruyen la sindéresis y el respeto a la ley.


Ahora, dado ese panorama, es necesario que se le diga al pueblo, de manera diáfana, pues todo debió haberse previsto, ¿cómo ejercerá la primera magistratura logrando que sus decisiones sean acatadas? ; ¿cómo podrá hacer funcionar ministerios y ministros sin sede, sin personal, sin presupuesto?; ¿Cómo hará para que las fuerzas armadas lo consideren su comandante y en consecuencia le obedezcan? Y así, en general ¿cómo se logrará ejercer la conducción de todas las reparticiones del Estado?...Si eso no es posible solo hemos incursionado una vez más en las aguas de lo simbólico. Por eso creemos que la solución parece ser que se logre un proceso electoral verdaderamente democrático, diáfano,  sin el actual CNE y con la participación efectiva de observadores de otros países y de organismos multipolares.






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