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Dialéctica de la esperanza por Hugo Cabezas

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Hugo Cabezas



En el año 1920 el pintor Paul Klee, nacido en Suiza pero de origen alemán, nos entregó su Angelus Novus. Pintura que sirvió de inspiración a Walter Benjamin, para que en 1940 elaborara sus Tesis de Filosofía de la Historia, a las cuales llamó: El Ángel de la Historia. Obra en la que, al decir de Zygmunt Bauman: “El Ángel tiene el rostro vuelto hacia el pasado”.

Y, eso es –precisamente-, lo que le está ocurriendo a la derecha internacional, y de manera particular a la venezolana. Quieren retrotraernos a un pasado cuyo legado es la negación de la esperanza de vivir mejor.

Cuán equivocados están al creer en la inmovilidad del tiempo. No han logrado entender que hoy vivimos de una manera y mañana de otra. Lo cual conduce –de manera indefectible- a actuar en correspondencia con ese nuevo tiempo. No logran entender que hay unos principios éticos que son los que dan razón de ser a esa nueva manera de pensar la sociedad, de pensar al ser humano como sujeto de la historia. Y, eso es lo que nosotros llamamos: Dialéctica de la esperanza. Y que, Don Miguel de Unamuno, la definió como de “cambio dentro de una permanencia”.

Y es que, como se recordará, a partir de los años ochenta de la centuria pasada, se nos quiso inducir a la pérdida de la fe en la posibilidad de alcanzar la felicidad. Hay que vivir el presente porque el tiempo por venir está lleno de incertidumbres, por tanto no hay futuro. Fue una afirmación que, el pensamiento único neoliberal, hizo permanente en su prédica absolutista.

Pero, los pueblos del mundo no perdieron la fe en poder vivir mejor.

Sabían sí, que lograrlo no resultaría fácil. Y es que ninguna transformación social lo ha sido. El historiador francés Fernand Braudel, cuando estudió los cambios sociales ocurridos en los años del 1500, lo llamó el “largo siglo XVI”. Largo no en el tiempo, sino en la dimensión, en la profundidad de los mismos en la historia de la humanidad.

Pues bien, los pueblos del mundo asistimos hoy a un renacer de la esperanza.

De esa esperanza que el teólogo inglés Tomas Moro, hace ya más de quinientos años, llamó Utopía.

Pero, la utopía de éste tiempo no es la de ese sueño de edificar una sociedad ideal, imaginada solo en el pensamiento. No. La utopía de éste tiempo, y para este tiempo, es una utopía pensada desde la sociedad real en que vivimos. Alimentada por los principios de felicidad, libertad e igualdad, heredados de la Ilustración, y que el capitalismo en su voraz apetito de dominación tergiverso y desnaturalizó para colocarlos a su servicio.

Los pueblos de Latinoamérica nos reencontramos con esa utopía. Nuestras propuestas del Buen Vivir y del Socialismo del Siglo XXI, como formulaciones teóricas originarias, tienen como objetivo sociopolítico la idea, el sueño de fraguar una nueva sociedad en nuestro continente. Inspirada, como hemos dicho, en los principios heredados de la Ilustración. Adecuados al tiempo presente y con la mirada puesta en la construcción de un futuro real. De un futuro que no deseche el pasado, pero que tampoco “suelte anclas” en él.

Pues bien, mis estimados amigos, abrigar la esperanza de construir un mundo nuevo, de alcanzar el buen vivir. Esperanza en donde la libertad sea la emancipación del ser humano. Esperanza en donde la felicidad, la igualdad, la equidad, la justicia social, sean principios éticos que signen el curso de la vida. Esperanza de que el tú y yo sea un nosotros. Esperanza de que el ser humano viva como humano. Esperanza de que logre entenderse que el ser humano no es distinto a la naturaleza, sino que él -en sí mismo- es ella. Es por lo que, pensar una dialéctica de la esperanza es el sueño, la utopía, de éste tiempo y para éste tiempo.

En ese avatar por imaginar y construir un mundo mejor se les fue la vida a Hugo Chávez y Néstor Kirchner. En ese fragor de hacer de la vida de nuestros pueblos la más hermosa poesía, están empeñados Luis Ignacio “Lula” da Silva y Rafael Correa, por eso violan leyes y utilizan todo tipo de argucia jurídica para impedir su retorno al poder. Perseverando en mantener la llama encendida que alumbra tan nobles sueños se mantienen Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales, contra quienes se ha utilizado las más variadas formas de desestabilización política y se han instrumentado métodos terroristas neofascistas para su derrocamiento. En ese empeño la derecha internacional ha fallado y seguirá fallando.

Es la hora de los pueblos. Hemos encontrado nuestro Angelus Novus, pero éste, a diferencia del que plasmara a comienzos del siglo XX, Paul Klee, tiene, en éste comienzo del siglo XXI, la vista puesta en el futuro. En un futuro deseable y posible, al que llamamos esperanza y lo pensamos dialécticamente.





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