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¿Abatidos, enredados o perdidos? por Antonio José Monagas

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Antonio José Monagas



La dinámica política es profusamente engañosa. A veces luce tan calmada, que algunos ilusos se ven tentados a apostarle a la placidez que aparenta. Otros momentos, deja ver su ímpetu al igual como la mar cuando sus olas muestran un rostro enardecido coronando la costa furiosamente. No entender la dinámica política de esta forma, ha sido históricamente una poderosa razón para que importantes problemas surjan, se estanquen o se potencien. Por eso que aventurarse a vivir la política al  margen del cuidado necesario que su ejercicio demanda, es jugar al suicidio manipulado y sin respeto por la vida. Y es lo que realmente sucede en medio de situaciones cuyas decisiones se elaboran al voleo. O sea, sin el menor trazo de lo que enseña la teoría política y la teoría de gobierno. La teoría social, la teoría de planificación y la teoría económica.

 

Venezuela, es la muestra mejor acendrada de lo que ocurre a consecuencia de cuando la impudicia, la improvisación o la avaricia se tienen como prácticas políticas empleadas para elaborar y tomar decisiones de gobierno. En medio de tan patética situaciones, todo se viene abajo. O como refiere cualquiera de las reconocidas leyes de Murphy. Más, cuando se pretende forzar propósitos a desdén de los implementos que su alcance requiere. De ahí que Murphy asintió que “los métodos para conseguir más fácilmente el objetivo no suelen funcionar”. Porque ni nada es tan fácil como parece, ni nada se logra sin la capacidad suficiente.

 

Y en política, a decir de Murphy, nunca debe pensarse que ya no podrá caerse más bajo de lo que el descaro, el vulgar inmediatismo o la mezquindad, pueden lograr. Sobre todo, cuando se desconoce que “no hay situación que no pueda empeorar”. 

 

No hay duda de que en política, aplican las leyes de Murphy. Así que dado el desbarajuste que tiene atrapada a la oposición venezolana, es posible pensar que buena parte de sus dificultades puedan considerarse desde la perspectiva murphyniana. De hecho, el problema de ver a una Mesa de la Unidad Democrática (MUD) fracturada o a cualquier armazón de movimientos político-partidistas cercenado en tiempos de crisis política, cuando más se necesita de intervenciones o aportes que puedan brindar a manera de dar con arreglos posibles, tiene algo de su fuente en una visión complaciente o negligente de un panorama del que nunca sale nada como se ha pensado. 

 

Las tendencias que pauta la política, obvian que cualquier solución estimada, lleva implícito nuevos problemas difíciles de detectar. Más, si acaso se consideran sólo razones empeñadas en paliar embrollos de absurda politiquería. Esas mismas prácticas políticas, no advierten que cuando aparece un nuevo problema o reluce uno olvidado, deberá tenerse en cuenta que el mismo habrá de potenciarse. Y en el momento menos esperado. Así sucede.

 

La causa da la crisis que agobia al país, no es como afirma Henri Falcón, cuando dice que “el verdadero problema de Venezuela es el gobierno”. Es una respuesta tan efímera como elemental. Indiscutiblemente, ello es el resultado de lo que en el fondo acontece y que poco se estudia. Precisamente, por la inmediatez que conduce a que los problemas de mayor incidencia pretendan resolverse “para ayer”, tal como muchos engañados especulan. De forma que si el país político continúa sin comprender la profundidad que implica el análisis de la actual crisis, seguirán viéndose partidos y movimientos políticos ¿abatidos, enredados o perdidos?





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