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¿Lo peor de la hiperinflación? por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.



Como consecuencia de la rápida pérdida de poder adquisitivo generada por la hiperinflación, los venezolanos somos testigos de: 1) el desgaste de la confianza de la población en la moneda de curso legal y en las autoridades que la emiten; 2) la sustitución informal del bolívar por otras monedas como el peso colombiano, el real brasileño, el euro de la Unión Europea y el dólar de los Estados Unidos; y 3) los usos alternativos al papel moneda empleado en la elaboración de las distintas piezas del bolívar fuerte y del bolívar soberano, incluyendo: como insumo para el diseño de bolsos y carteras, para decorar cuadernos, paredes y piñatas, de servilleta, como utensilio para encender cocinas, como papelillo en los juegos de fútbol, como papel confeti para fiestas y celebraciones, como separador de páginas, entre otros. Esta situación única en la historia venezolana ha condicionado nuestras actividades diarias, convirtiéndolas en una vorágine de incertidumbre, donde cada persona tiene su propia experiencia acerca de vivir en una economía hiperinflacionaria.


En este panorama, para incentivar el estudio de este caso extremo de inestabilidad de precios, estimular la discusión acerca de las medidas necesarias para corregirlo, y dejar memoria histórica de lo que estamos viviendo para que nunca más vuelva a ocurrir, pregunte a mis alumnos de Teoría y Política Monetaria de la carrera de Economía en la Universidad de Los Andes sobre lo peor que han vivido en hiperinflación. A continuación una pequeña muestra de sus respuestas. Gustavo: “ahora debo tener el número de los mercados y demás tiendas a las que voy, para preguntar si tienen el producto que busco y a qué precio. Debo llamar diariamente y, si consigo lo que quiero, gastar todo lo que tengo en mi cuenta antes de que aumenten de nuevo los precios”. Luis: “experimentar el vil comportamiento de las autoridades gubernamentales que se hacen de la vista gorda ante los efectos devastadores que ha traído para nuestra sociedad la hiperinflación”. Y Andrea: “ver a una gran cantidad de personas en las calles pidiendo dinero, comida, ropa, medicamentos, porque no logran conseguir estos bienes o su precio es demasiado alto para poder comprarlos”.


Elimson: “pasar por una tienda a preguntar por los repuestos que necesitaba para mi carro a principio de semana (lunes), no tener el dinero suficiente, ahorrar, y encontrar el mismo repuesto el día viernes con un precio cinco veces superior”. Ángel: “la locura total, nada se mantiene lo suficientemente estable como para que una persona pueda saber dónde está parada, no se sabe cuánto cuestan las cosas y menos aún cuánto se debe reservar para tratar de reponer inventarios”. José Manuel: “ser testigo de cómo la política monetaria no logra estabilizar precios”. Y Rosa: “tener que cambiar el estilo de vida, ya en lo personal no se pueden obtener los mismos bienes como lo hacíamos antes, cambiar muchas cosas, hacerse de la idea que hoy se compra una cosa que mañana tendrá otro precio”.


Jorge: “ser testigo de un mercado alterno de bienes a través de la tecnología, donde es posible negociar con los dueños de bienes y servicios de manera directa, sin intermediarios, creándose así un espacio muy dinámico y donde muchas veces se definen los precios partiendo del libre juego de la oferta y la demanda”. Nazareth: “apreciar el deterioro de la calidad de vida y del poder adquisitivo, no poder ahorrar, no poder planificar las compras necesaria para una semana o un mes”. Y Nicolás: “ver como usan los billetes como papelillo en los juegos de fútbol sin que nadie intente recogerlos porque no tienen poder adquisitivo”.


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