Mérida, Febrero Lunes 09, 2026, 03:57 am
Una evaluación histórica del desarrollo de la investigación en la Universidad de Los Andes antes y después
de la Ley de Universidades de 1970 permite hacer algunas consideraciones acerca
de cómo esta legislación universitaria fue la que marcó una diferencia con
respecto de lo existente entre 1832 y 1972. Expliquemos primero las dos fechas.
La primera se refiere a la decisión del gobierno de José Antonio Páez de
restablecer con el nombre de Universidad
de Mérida la institución creada el 21 de septiembre de 1810 por la Junta
Superior Gubernativa de Mérida, la que solo funcionó durante dieciocho meses
bajo la denominación de Real Universidad
de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros, en razón del terremoto que
azotó la ciudad el 26 de marzo de 1812 y el inicio de la guerra de
independencia en el territorio merideño. La segunda fecha representa la
instauración y el comienzo de las Actividades del Vicerrectorado Académico con
la elección en 1972 del Dr. Carlos Chuecos Pogioli, por mandato de aquella
nueva ley de universidades, dictada por el gobierno del Dr. Rafael Caldera el 8
de septiembre de 1970, vigente hasta nuestros días. En materia de enseñanza,
investigación y extensión, los tres principales fundamentos de la Universidad
establecidos en esta ley, como también en la de 1958, en los dos períodos
históricos, tienen notables características diferenciales, como lo vamos a
exponer seguidamente.
La nueva generación universitaria desconoce esos dos períodos históricos, pues está más vinculada, probablemente, con las últimas tres décadas de la historia contemporánea de ULA. De igual manera, también quienes comparten con nosotros los últimos cincuenta y cinco años, de manera desprevenida, desconocen muchos hechos del pasado que marcaron su dinámica funcional desde 1970, sin dejar de señalar que otros han olvidado intencionalmente las responsabilidades de anteriores autoridades, incluso de las personales, que condujeron al desenlace de la crisis estructural de la Universidad de Los Andes del presente. En esta oportunidad vamos a referirnos al problema de la investigación en la ULA, considerando los dos períodos señalados, antes y después de 1972, advirtiendo que el iniciado en este año no se desprendió totalmente del tiempo precedente, como tampoco inmediatamente se pusieron en práctica medidas que condujeron a un desarrollo de la investigación de manera acabada como para que persistiera e identificara a la Universidad de Los Andes como una institución de educación superior más allá del problema de la enseñanza, como también del problema de la extensión, como lo estableció la legislación universitaria tanto de 1958 como la de 1970. Nuestros puntos de vista al respecto al tiempo histórico mencionado, se derivan de tres fuentes específicas: los documentos que evidencian lo acontecido, las propuestas o las realizaciones de algunas autoridades del siglo XIX y primeras décadas del XX; así como también de las opiniones emitidas por universitarios en las décadas de los setenta y ochenta de esta última centuria. Todo lo cual nos permite advertir características del desarrollo tardío de la investigación en la Universidad de Los Andes.
La Universidad de Mérida (1832-1883) o Universidad de Los Andes (1883-) en el período de 1832 a 1972 estuvo caracterizada por lo que se ha denominado Universidad Napoleónica. Es decir, una institución orientada a la formación de profesionales que después de su graduación ejercerán en los campos de los conocimientos adquiridos en sus respectivas carreras. Por lo general, de manera liberal, independiente y autónoma, y no propiamente como dentro de un programa de inserción laboral para las necesidades del Estado orientadas a dar solución a los ingentes problemas de una sociedad determinada. No se trata de una característica uniforme. Varía de acuerdo a la estructura académica que evolucionando durante esos ciento cuarenta y cuatro años. Entre 1832 y 1928 existió un evidente predominio de los estudios del derecho, la teología y la filosofía, mediante la existencia desde 1843 de las Facultades de Ciencias Políticas, Ciencias Eclesiásticas y Ciencias Filosóficas o de Humanidades. Por las propias condiciones de la institución universitaria y de la ciudad que la albergaba en materia de profesionales especializados, no se pusieron en práctica las otras dos Facultades decretadas por el Código de Instrucción Pública de ese año: Ciencias Médicas y Ciencias Físicas y Naturales. Fueron notables los esfuerzos del Rector Caracciolo Parra y Olmedo durante su segundo y largo rectorado (1887-1900) por introducir una infraestructura que sirviera para la enseñanza de esas ciencias e incluso dar inicio a investigaciones, lo cual hemos expuesto en anteriores Crónicas, propuestas que pueden ser leídas a través de los respectivos documentos en Eloi Chalbaud Cardona: El Rector Heroico (Mérida, Universidad de Los Andes. Publicaciones del Rectorado, 1965, pp. 113-154).
Esfuerzos que no tuvieron continuidad en los rectorados siguientes de los doctores Pedro de Jesús Godoy (1900-1901), Asisclo Bustamante (1901), Juan Nepomuceno Pagés Monsant (1902-1909) y Ramón Parra Picón (1902-1909). Este fue el único interesado en continuar las señaladas propuestas de su padre Caracciolo Parra, cuando trató de revivir el Museo de Ciencias Naturales que este había decretado en 1890. Para tal fin, en 1911 designó al catedrático Dr. Julio César Salas, quien en respuesta a su nombramiento como Conservador del Museo de la Universidad, sin remuneración alguna, hizo señalamientos que evidencian el estado de la institución universitaria para entonces. En carta al rector del 28 de septiembre de 1911, Salas le manifestó lo siguiente: “…cúmpleme manifestarle que acepto gustoso la designación y que desde luego ofrezco mi pobre esfuerzo, al laudable empeño que Ud. ha tomado de levantar el nivel moral del primer centro educacional del occidente de la República; mas, en resguardo de mi propia reputación, debo manifestar a usted que nada se conseguirá, si el Gobierno Nacional no destina la suma que se necesita para crear la enseñanza de Ciencias Naturales de una manera objetiva pues solo con mi particular concurso no es posible formar las colecciones zoológicas, botánicas, antropológicas &, que no existen; y sin dinero para pagar profesores preparadores, mobiliario & es inútil pensar en que se pueda hacer algo que saque a la Instrucción Superior del estado de inepcia en que está, escolasticismo digno de épocas de profundo atraso, en las cuales no podía percibirse la necesidad de dar a la juventud una educación práctica, para formar ciudadanos útiles a la Patria y no empleados públicos…[se necesita] que este Instituto esté si no a la altura de los mejores planteles de europeos, cosa que no puede conseguirse si no se importa profesorado extranjero, por lo menos tenga las mismas facilidades, en orden a la enseñanza que la Universidad de Caracas.” (Documento en Eloi Chalbaud Cardona: Historia de la Universidad de Los Andes (Mérida, 1995, Tomo X, pp. 475-476).
A la muerte del Dr. Parra Picón, asumió el rectorado de la ULA el Dr. Diego Carbonell (1917-1921), quien puso empeño en desarrollar la investigación de manera efectiva, sin poder lograrlo por las propias condiciones de la institución y la desatención de muchos universitarios de lo que se propuso realizar. Sin dejar de mencionar las actitudes oposicionistas desarrolladas por la Iglesia de Mérida. En sus discursos de asunción del rectorado y de despedida se pueden apreciar su interpretación de lo acontecido durante su gestión. No vamos a referirnos aquí sobre ello, pues lo hemos tratado en otra Crónica, pero si recomendar la lectura de los artículos del colega Humberto Ruiz Calderón: “Prolegómenos de la investigación científica en la ULA”, Actual. Revista de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes, 42 (Mérida, enero-abril de 2000, pp. 155-162) y “Diego Carbonell Espinell: Un discurso premonitorio” (Investigación. Revista del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la Universidad de Los Andes, 4 (Mérida, mayo-agosto de 2001, pp. 38-39). Al respecto véase también, Gonzalo Bernal: “Discurso al hacer entrega al Dr. Diego Carbonell del rectorado de la Universidad de Los Andes” en Discursos pronunciados por los Doctores Gonzalo Bernal y Diego Carbonell. (Mérida, 1917); Diego Carbonell: Exposición del Rector de la Universidad de Los Andes y Director del Liceo de Mérida al renunciar a los cargos que desempeñaba. Mérida, Universidad de Los Andes / Tipografía El Lápiz, 1921; Mario Briceño y Roberto Picón Lares: “La actuación del Dr. Carbonell en Mérida” en Rafael Ángel Rivas (Compilador): Mérida La Hermética (Mérida, Gobernación del Estado Mérida/Instituto de Acción Cultural (IDAC), 1997, pp. 113-121).
Aquellas disposiciones del Código de Instrucción Pública de 1843 en Materia de las Ciencias Médicas tuvieron un primer ensayo con los estudios de Medicina a partir de 1854 y de Farmacia en 1894, los cuales fueron suprimidos en 1904, para no ser restablecidos hasta 1928 y 1918, respectivamente. En cuanto a las Ciencias Físicas y Matemáticas, éstas se pusieron en práctica en 1932 con los estudios de ciencias físicas y matemáticas, denominados también de Ingeniería Civil, que integrarían cuatro años después la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, luego Facultad de Ingeniería en 1953, la cual terminaría de conformarse con las Escuelas de Eléctrica, Mecánica, Química, Sistemas y Geología diez años después, entre 1964 y 1984. Cabe señalar que desde 1894 hasta 1906 y luego de 1918 a 1940 se dictaron cursos de Agrimensura. Dentro de la Facultad de Medicina se dio inicio a la Escuela de Dentistería (1928-1940), convertida en Facultad de Odontología en 1942. La Facultad de Ingeniería Forestal en 1952, a los que seguirían la Escuela de Humanidades (1955), la Facultad de Humanidades y Educación (1958-1959), la Facultad de Economía (1958), la Facultad de Ciencias (1969) y la Facultad de Arquitectura (1970). Sólo en algunas de esas dependencias universitarias se crearon Institutos para la Investigación a partir de 1948, con ciertas limitaciones y deficiencias. De manera que, como en el siglo XIX y primeras décadas del XX, hasta la Ley de Universidades de 1970 hubo el predominio la docencia en detrimento de la investigación. Es decir, la continuidad de la llamada Universidad Napoleónica. Precisamente, la ausencia de la investigación fue una de las denuncias de la Renovación Universitaria de 1969-1970, reservada a un número muy reducido de investigadores, identificada con el Trabajo de Ascenso de los Profesores o las Tesis en instituciones universitarias extranjeras y la exclusión de los estudiantes en esa actividad académica.
¿Esa realidad académica, en materia de investigación, tendió a cambiar a partir de dicha ley universitaria del gobierno de Rafael Caldera de 1970 con establecimiento del Vicerrectorado Académico y la elección de su primer Vicerrector, el Dr. Carlos Chuecos Poggioli dos años después de entrar en vigencia, la puesta en práctica de manera efectiva del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (actual Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico, Tecnológico y de las Artes), del Consejo de Estudios de Postgrado, el establecimiento en la mayoría de las carreras de pregrado de la Tesis o Memoria de Grado, como requisito final para obtención de los títulos correspondientes y la apertura de financiamiento a los estudiantes para investigaciones por parte del CDCHTA. El incremento progresivo de la investigación puede ser medida en el importante número de Institutos, Centros, Grupos y Laboratorios, como puede advertirse en el cuadro que a continuación incluimos, cuyas características se pueden apreciar en la Memoria de Grado de Williams José Rangel Parra y Fernando José Merchán Araujo: El Vicerrectorado Académico de la Universidad de Los Andes. Síntesis histórica y fuentes hemerográficas para su estudio (1972-2012). Mérida, Escuela de Historia / Universidad de Los Andes, 2019 (Memoria de Grado presentada para la obtención del título de Licenciados en Historia):
INSTITUTOS, CENTROS,
GRUPOS Y LABORATORIOS DE INVESTIGACIÓN
EN ORDEN ALFABÉTICO
CON ANTERIORIDAD Y DESPUÉS DEL
ESTABLECIMIENTO DE
VICERRECTORADO ACADÉMICO (1948-2012)
FACULTADES / NÚCLEOS
INSTITUTOS CENTROS GRUPOS
LAB
Arquitectura y Diseño 1 4
9 6
Arte - - 2 1
Ciencias 2 12 32 32
Ciencias Económicas y Sociales 2
2 4 2
Ciencias Forestales y Ambientales 8
2 13 39
Ciencias Jurídicas y Políticas 1 6
1 -
Farmacia y Bioanálisis 2 3 11
30
Humanidades y Educación 1 11 38
9
Ingeniería 1 8 27
51
Medicina 2
6 6
12
Núcleo Universitario Táchira -
1 11 -
Núcleo Universitario Trujillo 1 6
11 14
Odontología 1 1 5 -
Total 22 62 170
196
Veamos un inventario del lento desarrollo de Institutos y Centros de Investigación en la Universidad de Los Andes existentes hasta la década de los ochenta del siglo XX por Facultades y Núcleos: Farmacia (Instituto de Investigaciones Químicas, 1948. Ciencias Forestales y Ambientales (Instituto de Conservación de los Recursos Renovables, 1959; Instituto Forestal latinoamericano, 1961; Centro Interamericano de Desarrollo Integral de Aguas y Tierras, 1961; Instituto de Silvicultura, 1962; Instituto de Investigaciones Agropecuarias, 1962; Laboratorio de Productos Forestales, 1961). Medicina (Instituto de Medicina Nuclear, 1963). Ingeniería (Laboratorio de Hidráulica, 1948; Instituto de Fotogrametría, 1962; Unidad de Asesoría, Proyectos e Innovación Tecnológica, 1979). Odontología (Instituto de Investigaciones Odontológicas, 1965). Humanidades y Educación (Instituto de Investigaciones Literarias, 1965). Economía y Ciencias Sociales (Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, 1958; Instituto de Computación y Estadística Aplicada, 1970; Centro de Investigaciones y Desarrollo Empresarial, 1984). Arquitectura (Centro de Investigaciones de Arquitectura, 1971). Ciencias (Centro de Estudios Avanzados en Óptica, 1983; Centro de Estudios de Semiconductores, 1985). Núcleo Universitario Rafael Rangel. Trujillo (Centro de Estudios Ecológicos, 1980). Núcleo Universitario Pedro Rincón Gutiérrez. Táchira (Centro de Estudios de Fronteras e Investigación, 1978). Como puede advertirse, se trató de un reducido número de espacios de investigación que tendrá un vertiginoso despegue a partir de la década de los noventa del siglo XX, particularmente con el surgimiento progresivo de Grupos de Investigación. Nuevamente remitimos a la Memoria de Grado de Williams José Rangel Parra y Fernando José Merchán Araujo, en la que se registra el proceso de ese crecimiento y las razones que lo determinaron.
La situación de la Investigación en la ULA fue debatida entre los años 1970 y 1984. Los cuestionamientos en los dos años de la Renovación Universitaria se hicieron presentes en documentos que, si bien fueron expuestos en las asambleas de profesores y estudiantes, no se pusieron en práctica, ya que la atención fundamental fue la necesidad de la transformación de los respectivos Planes de Estudio de cada una de las Escuelas. No en todas hubo cambios sustanciales y donde tuvieron lugar prontamente se relegaron, volviéndose prácticamente a la situación anterior. En verdad, dichos planes continuaron siendo una estructura académica para una enseñanza desvinculada totalmente con la realidad de la sociedad venezolana, incumpliéndose la exigencia de la Ley de Universidades de 1970 de que las universidades debían contribuir con el desarrollo del país y la colaboración en la solución de sus más ingentes problemas a través de la investigación y su proyección social. En el caso de la Universidad de Los Andes, lo concerniente a las entidades andinas en la que desarrollaba sus actividades de enseñanza.
¿Para 1976 así interpretaba el Rector Pedro Rincón Gutiérrez, recién electo para su cuarto período rectoral, la situación de la investigación en la Universidad de Los Andes, en entrevista realizada para el periódico El Vigilante, publicada en su edición 10.988, del viernes 11 de junio de 1976, p. 1: “El Dr. Rincón Gutiérrez manifestó, a raíz de su elección como Rector, que la ULA sin investigación no pasará de ser un Liceo Grande…Y a continuación afirmó que una de las preocupaciones suyas como Rector será la de estimular la investigación en forma amplia y, bien planificada y constante, para que la Universidad de Los Andes pueda responder a las necesidades y requerimientos del país, urgido de hombres debidamente preparados para su desarrollo. En términos generales, se puede afirmar que una de las fallas más sensibles de nuestras universidades radica en la investigación, o porque esta no existe o porque es muy mediocre.” A lo que agregó el Dr. Rincón: “Investigar requiere paciencia, dedicación y recursos, de modo que si en la ULA van a estimular la investigación tienen que hacerlo obedeciendo a una sensata y bien concebida planificación.” Ningún cambio al respecto aconteció en la ULA entre 1976 y 1980. Cabe recordar que esta autoridad universitaria había regido la institución andina en 1958-1959, por designación de la Junta de Gobierno, para luego ser electo por el Claustro Universitario de 1959 a 1972. Luego volverá a ser elegido para el período 1984-1988, sin que todavía se advierta un cambio sustancial a lo declarado en 1976 en materia de investigación.
Uno de los universitarios con categóricas posiciones críticas acerca del estado de la investigación en la Universidad de Los Andes en la década de los setenta fue el Dr. Julián Aguirre Pé, profesor español de la Facultad de Ingeniería, quien en diversas exposiciones públicas, artículos, ponencias y actuaciones durante sus dos gestiones como Vicerrector Académico ( ) dejo sentada su opinión al respecto. Invitamos al lector que revise los siguientes trabajos de Julián Aguirre para que se advierta su visión acerca de la necesidad de modificar la actitud que en la Universidad de Los Andes se tenía sobre la investigación teórica y aplicada: La investigación en la Universidad de Los Andes, en coautoría con Clara Baretic de Padilla (Mérida, Taller de Reproducción del CIDIAT, 1975, Ponencia presentada en el I Congreso de Ciencia y Tecnología. Caracas, julio de 1975); “La investigación en la Universidad de Los Andes” (Boletín del CDCH. (Mérida, noviembre de 1975), pp. 11-22); Investigación Científica y Postgrado (Mérida, Universidad de Los Andes / CDCHT, 1979); “Discurso del Vicerrector Académico Julián Aguirre Pé en el acto de clausura del Primer Encuentro de Investigadores de la Universidad de Los Andes” (El Vigilante. Mérida, 8 de julio de 1977, p. 7); “Palabras del Vicerrector Académico, Dr. Julián Aguirre Pé, en el acto de clausura del Primer Encuentro de Investigadores de la ULA” (Boletín del CDCH, 4. Mérida, septiembre de 1978, pp. 33-35).
A pesar de los reiterados llamados de atención de distintas autoridades, profesores e investigadores para los necesarios cambios a la tarea de investigación en dicha década, la situación continuó siendo un debate durante el rectorado del Dr. José Mendoza Angulo (1980-1984) y las declaraciones y decisiones que al respecto tomó el entonces Director del CDCHT, el Dr. Luis Hernández, profesor de la Facultad de Medicina, quien se confrontó con varios investigadores, particularmente de la Facultad de Ciencias, los que consideraron exageradas sus puntos de vista acerca del estado actual, entonces, de la investigación en la Universidad de Los Andes, pretendiéndose imponer criterios evaluativos a la misma partiendo de las exigencias del Science Citacion Index. Sería extenso detenernos en detalles acerca de ese debate, para lo cual remitimos a lo incluido en Azul. Órgano divulgativo de la Universidad de Los Andes, la revista oficial de esa gestión rectoral: Luis Hernández: “El mito de la investigación en la ULA”, (Azul, 1. Mérida, mayo de 1981, pp. 18-19); CDCHT: “La investigación en la ULA. Mito no, proeza” (Azul, 2. Mérida, junio de 1981, pp. 20-21); Remy Rada Fargier: “Universidad autónoma, libertad, investigación” (Azul, 3-4. Mérida, julio-agosto de 1981, pp. 6-7); Roberto Giusti: “La universidad revolucionaria de palabra, conservadora en la práctica” [Entrevista al Rector José Mendoza Angulo] (Azul, 5 (Mérida, septiembre de 1981, pp. 11-13). Sobre el contenido general de esta revista y hechos acontecidos durante la gestión de esta autoridad universitaria, véase Idiolinda Arellano: “La revista Azul, una etapa editorial de la Universidad de Los Andes”, Boletín del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, 5 (Mérida, 2001, pp. 47-80).
Nuestra experiencia como investigador en el campo de la historia
venezolana y latinoamericana con participación en programas de reconocimiento
académico, dentro y fuera de la ULA, la actuación por cierto tiempo como
evaluador de proyectos de investigación en la Comisión Humanística del CDCHT y
por el discernimiento directo acerca de este organismo de fomento de las
actividades investigativas y el estudio de su desarrollo histórico, nos
permiten hacer algunas consideraciones finales sobre lo que hemos expuesto en
lo concerniente a la evolución del área de Investigación en la Universidad de
Los Andes, conociendo sus limitaciones y deficiencias pero también los logros
tardíamente alcanzados a partir de las dos últimas décadas del siglo XX: 1. Las
actividades de investigación no alcanzan un extenso adelanto y reconocimiento
institucional hasta finales de los años ochenta de esa centuria, como
consecuencia de la afinación de los mecanismos del Consejo de Desarrollo
Científico, Humanístico, Tecnológico y de las Artes a través de los distintos
programas clasificatorios de proyectos. 2. La proliferación, desde entonces,
mas de Grupos de Investigación que de Institutos y Centros. 3. El incremento
exponencial de las revistas científicas, humanísticas y de ciencias sociales en
número significativo que permitió la publicación de artículos resultantes de
los proyectos de investigación. 4. La atención del Consejo de Publicaciones y
de otras dependencias de la Universidad a las solicitudes de profesores e
investigadores para la edición de sus estudios. 5. Sin embargo, a pesar de esos
aspectos positivos, la investigación sigue siendo más de carácter individual
que grupal y escasamente interdisciplinaria. 6. Los proyectos de investigación
atienden más a los intereses de sus autores que a una política institucional
para dar cumplimiento a las exigencias establecidas en los tres primeros
artículos de la vigente Ley de Universidades de 1970. 7. La discontinuidad de
los logros cualitativos y cuantitativos tienen lugar a comienzos del siglo XXI
como consecuencia de dos factores de orden interno y externo. En lo interno,
las actitudes políticas de autoridades y distintos miembros de la comunidad
universitaria a los gobiernos instaurados por vía constitucional a partir de
1999 y años siguientes hasta el presente. En lo externo, las reacciones de los
entes gubernamentales ante esas actitudes, a lo que se agregará la crisis
económica del país, fundamentalmente a partir del 2013, que redundará en un
déficit presupuestario que afectará las actividades de enseñanza, investigación
y extensión. Sin dejar de mencionar la Pandemia del 2019 que, definitivamente,
desarticuló el normal funcionamiento por dos años, no solamente de las
Universidades, sino también la dinámica social y económica del país. Crisis y
desarticulación incrementadas con las medidas coercitivas y unilaterales impuestas
por los Estados Unidos desde ese año, persistiendo hasta la actualidad.
Para quienes deseen conocer otros aspectos más contemporáneos acerca del desarrollo de la investigación en la Universidad de Los Andes, recomendamos la revisión de Investigación. Revista del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico, Tecnológico y de las Artes, cuyos números pueden ser consultados en el repositorio SaberULA.
(*) Coordinador de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. Premio Nacional de Historia Francisco González Guinán (1989). Premio Nacional de Historia (2019). Premio Nacional de Cultura (2024).