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Se impuso la “abstención política” por Luis Montilla

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Luis Montilla


Hace unas semanas escribí un par de artículos tratando de explicar la “abstención política”. Decíamos en esa oportunidad, que había que diferenciar éste tipo de abstención de la “abstención tradicional”, que es la que se produce en condiciones de normalidad política y social en toda comunidad humana. Este tipo de abstención es baja, estacionaria, estructural, permanente, sencilla, inocua, presente frente a todos los partidos y actores políticos, históricos, formales o jurídicos. Originada por factores personales e individuales y condicionada por aspectos técnicos y sociodemográficos. En cambio, la abstención política está generada por el descontento de las grandes mayorías frente a los actores políticos y partidos políticos, que han anulado al sufragio como el instrumento político de impacto inmediato para la solución pacífica de los conflictos políticos. Y por el contrario, ésta abstención es elevada, creciente, accidental, coyuntural, transitoria, crítica, compleja, participativa, originada por factores no individuales ni personales sino colectivos, y por lo tanto políticos. Se desprende de cada contexto electoral; no olvidemos, que fue convocada por los principales partidos políticos, la iglesia católica, las universidades autónomas, el movimiento estudiantil, los principales gremios y grupos de presión, la comunidad internacional, entre otros. Por lo tanto, condicionada por factores psicológicos y políticos. No es una actitud de apatía, indiferencia, de desapego al sistema político, sino una insatisfacción con las opciones políticas que ofrece el mercado electoral. Mucho menos un “salto al vacío” o “la nada” como lo han querido hacer ver algunos analistas, dejando fuera de sus observaciones y comprensión de nuestra realidad, diversas variables que intervendrían en la construcción de actitudes políticas que reflejarían los ciudadanos en el momento electoral. Si tomamos en cuenta los últimos procesos electorales presidenciales celebrados en nuestro país, podremos apreciar datos interesantes, como que en las de diciembre del 2006 la abstención electoral fue del 25.3%; en octubre del 2012 fue del 19.5%; en abril del 2013 el 20.3%. Si hacemos un ejercicio de simple proyección sumando la abstención de esos años y dividiéndola entre esos tres procesos electorales, tendremos como resultado un promedio de abstención: 25.3% ­+ 19.5% + 20.3% = 65.1%. Dividiendo 65.1% / 3 = 21.7% (abstención tradicional). Entonces si a la abstención de las recientes elecciones presidenciales del 20 de mayo 2018 que alcanzó el 53.9% -la más alta de nuestra historia electoral para este tipo de elección-, le restamos la abstención promedio 21.7% tendremos la “abstención política” de la que estamos hablando. 53.9% - 21.7% = 32.2%. La abstención política es una gran fuerza del 32.2%, que como el mar, solo se repliega para volver con más fuerza. Hay que darle el contenido político, organizarla, no es “la nada”, está allí latente, invisible, dispuesta a expresarse bajo una conducción política acertada y con un mensaje coherente.





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