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El Dólar y los precios en Venezuela por Alberto José Hurtado

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Alberto José Hurtado



Luego de las últimas decisiones tomadas por el Banco Central de Venezuela (BCV) en materia cambiaria, el tipo de cambio oficial DICOM supera a las tasas de cambio utilizadas en el mercado paralelo. A pesar de ello, la elevada demanda de bolívares para hacer frente al gasto corriente en los hogares así como para atender compromisos laborales y tributarios dentro de las empresas; la falta de confianza y resultados de la plataforma “para privados” autorizada por el BCV; y la incapacidad del DICOM para atender los requerimientos de divisas de los venezolanos; hacen que la toma de decisiones en el país siga condicionada por la evolución del indicador no oficial que se encuentra en páginas web y redes social.


Dicho indicador, que por ley no existe, es utilizado para explicar los aumentos de precios en bienes y servicios, solicitar incrementos de sueldos y justificar las más recientes medidas de política económica. Así, se reconoce una relación preponderante entre el tipo de cambio del mercado paralelo y la inflación. En este orden, cada vez que aumenta la tasa de cambio no oficial, los precios de las mercancías que se venden en el país aumentan; mientras que lo contrario nunca sucede, es decir, la disminución del tipo de cambio paralelo no disminuye los precios de los productos en el mercado. Esto se debe a los componentes inerciales de la inflación venezolana, aspectos propios de la economía nacional que explican por qué los precios siguen subiendo a pesar de la estabilidad o reducción de la cotización del dólar en el mercado paralelo.


La inercia inflacionaria es la situación en donde la tasa de inflación tiene una evolución que no puede ser explicada solo por factores monetarios o fiscales. Corresponde al persistente incremento de los precios de las mercancías como consecuencia de: 1) la existencia de contratos escalonados a largo plazo; 2) el recurrente uso de la indización salarial, para intentar ajustar hacia el pasado el poder de compra de los trabajadores; 3) las predecibles políticas laborales futuras, donde se insiste en ajustes hacia el futuro y se incentiva a los ciudadanos a prevenir los efectos de dichos cambios; 4) la falta de credibilidad en la gestión gubernamental en economía; 5) la existencia de problemas para la coordinación entre agentes económicos; y 6) en hiperinflación, los elevados costos de reposición.


Para comprender por qué en Venezuela los precios de los bienes y servicios no dejan de subir es fundamental reconocer el impacto que tiene: a) el uso de contratos escalonados de largo plazo en las empresas del sector privado que desean conservar a sus trabajadores, lográndose acuerdos por inflación pasada y futura; b) el uso recurrente de la indización salarial por parte del gobierno venezolano, en este sentido, de manera persistente se incorporan los niveles previos de inflación a los salarios corrientes de los trabajadores, haciendo que la inflación del periodo inmediatamente anterior se mantenga en la economía; c) la mínima credibilidad en el compromiso gubernamental de reducir el déficit público, controlar la oferta monetaria y acabar con la hiperinflación; y d) la ausencia de un mecanismo que permita la coordinación entre agentes económicos, haciendo que en cada ajuste de precios prive la incertidumbre acerca de las decisiones que toman los distintos sectores productivos. Estos aspectos no monetarios obligan a los consumidores a enfrentar recurrentes aumentos en los precios de los bienes y servicios, fuerzan a las empresas a tomar mayores costos de producción, y llevan a la economía a una situación donde se exacerba la usura y la especulación.


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