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Por el camino de la transición … por Antonio José Monagas

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ANTONIO JOSÉ MONAGAS



Muchos son los conceptos de crisis a partir de los cuales el pensamiento político se permite proyectar inferencias, toda vez que se adentra en el análisis de situaciones complicadas. Sin embargo, cualquier concepto que rasgue algunas de las implicaciones que envuelven una crisis, indistintamente de dónde, cómo y cuándo ocurra, exalta su carácter emancipador del cual se desprende cualquier número de oportunidades que bien pueden servir para enfrentar los efectos apesadumbrados que, desde su esencia, se irradian. 


 


 


El problema se suscita cuando quienes por regodearse de la prepotencia y del cinismo que embarga a gobernantes tiranos, en medio de su exasperada dinámica, dejan abstraerse por razones que ninguna o escasa fuerza tienen para corregir las desviaciones que se acumulan a consecuencia del desatino que se da al momento de procesarse la información. Información ésta que luego configura buena parte del proceso de elaboración y toma de decisiones que orienta la acción del (des)gobierno de turno. 


 


Venezuela, es el patético ejemplo y clara referencia de lo que este problema trae consigo. De hecho, cada decisión asumida por el régimen político venezolano cuando confinó las libertades y los derechos en nombre de una socialismo absurdo, constituye la antítesis de todo lo que destaca el discurso populista y demagógico. Sobre todo, porque utilizan la palabra para esquivar la ley. Ni siquiera la normativa constitucional, es atendida por personajes del gobierno ilegitimo actual. Éste, con ínfulas militarista, impone cualquier medida sin respeto a los principios democráticos de Justicia y de Derecho. Es por eso que en el país, no hay ni Estado de Derecho, ni tampoco se acata el Debido Proceso entendido como recurso jurídico. 


 


La crisis entró en su fase más aguda: la del “colapso”. O sea, es aquella situación en la que se quiebra la capacidad de soporte de mecanismos encargados de impulsar la funcionalidad de procesos que comprometen el andamiaje de compromisos políticos, económicos y sociales. Por tan deplorable causa, Venezuela se encuentra sumida en múltiples y mayúsculos problemas que pretendieron paliarse con simples aditivos. En materia de salud cabe referir, por ejemplo, que en apenas 83 días, fallecieron 1557 pacientes por fallas de hospitales. Asimismo, que ya no son sólo las vitaminas y medicamentos o filtros catalizadores  lo que escasea en las salas de diálisis de hospitales públicos. Hasta las agujas desaparecieron por falta de la correspondiente reposición de tan necesario material médico. 


 


Pero estas dificultades igual las vive la economía nacional, o la seguridad de la nación. Así como en el resto de sectores que suscriben el discurrir del país. Tanto son los problemas jurídicos y gubernamentales que ahogaron a Venezuela, que el país cayó al último lugar del Índice del Estado de Derecho. Fue evaluado entre 126 países por el World Justice Project. Además es vergonzoso saber que Venezuela repite tan penoso escándalo por segundo año consecutivo. 


 


No hay duda que Venezuela se convirtió en un insólito laboratorio donde se ponen a prueba hipótesis que fueron demostradas bajo otras realidades. Pero que acá, peor aún, son rebatidas por la conjura de variables insospechadas por su contradictorio carácter. Ello, dado el grado de embarre al que el régimen socialista insumió al país. 


 


Ahora se procura el recorrido hacia la salida. Por supuesto, gracias a la legítima y legal incursión de la figura de una necesaria presidencia encargada en medio del contexto de una administración de gobierno viciada, resquebrajada y facinerosa. Más aún, en pleno atasco provocado por la catástrofe humanitaria arrastrada por la mayor crisis de Estado que injustificadamente se padece. 


 


Podría decirse que el caso Venezuela, representa una “guerra política” la cual de alguna forma y bajo excepcionales condiciones, está aconteciendo. La figura que representa quien ha ocupado el papel de presidente encargado, el diputado-presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, a instancia de los artículos 233, 333 y 350 constitucionales, fundamentalmente, se creció demasiado rápido y de manera consolidada. 


 

Tan significativo proceso político, se tornó bastante incómodo para quienes convirtieron el acto y acción de gobernar en un vulgar, delictivo y putrefacto sistema de negocios. Afortunadamente, ya al descubierto internacionalmente. Por lo que ha sido impugnado el régimen por varias decenas de países convencidos del desastre que tal gestión socialista ha causado a las libertades y derechos de los venezolanos. Aunque si bien Venezuela está muy cerca de la salida de tan grave crisis, con acentuada esperanza y demostrada energía, deberá reconocerse que ya se inició la irreversible, innegable e irrebatible transición política. Porque sin duda, desde el mismo 23 Enero de 2019, el país comenzó a avanzar por el camino de la transición.





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