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Lo presentido por Eleazar Ontiveros Paolini

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ELEAZAR ONTIVEROS P.



Sin ser para nada videntes, gurúes, psíquicos o poseedores de los dones de la presciencia, es decir, de lograr  el conocimiento de los hechos futuros, nos atrevimos en nuestras tertulias informales a conjeturar que la “ayuda humanitaria” no entraría a Venezuela y que de ninguna manera, era elemental, el régimen no  emplearía el ejército para impedirlo, dado que de haber sido así y producido hechos de sangre producto del uso de sus armas, podía dar pábulo para una intervención extranjera. Por tal razón, optó para impedirla acudir a  la policía y fundamentalmente a grupos civiles ya conocidos por su violencia y agresividad.


Dadas esas suposiciones se nos dijo que nuestra manera de pensar era del todo negativa. Replicamos argumentando que el ingreso de la ayuda hubiera representado para el régimen una derrota en cuanto que su revolución se vería  debilitaba al aceptar que casualmente el enemigo que ha tomado como bandera para justificar todas sus debilidades, Estados Unidos, pudiera participar en la solución  de problemas nacionales. Y es que nuestro supuesto movimiento revolucionario actúa,  y  le es necesario para efectos de la imposición, con soberbia, es decir pone en práctica el más grave de los pecados capitales y del cual se derivan todos los demás. Efectivamente, piensa que la revolución está por encima de cualesquiera otras circunstancias, ideologías o procedimientos; valorativamente por  sobre  todo lo demás, sobrevalorándose como la única capaz de lograr una sociedad ideal, causa por la cual presume de su superioridad y menosprecia a los demás, en especial si en ellos hay aunque sean solos visos  de disidencia.


Parece que sobre esa base es que podremos explicar la indolencia que representó no permitir que medicines vitales (Antibióticos, insulina, hipotensores, anticonvulsivantes, vacunas, alimentos infantiles integrales, hipotensores oculares, etc.) y que no se expenden en Venezuela o las hay a precios exorbitantes, pudieran llegar a las manos de los más necesitados. Es decir, que la soberbia revolucionaria está por encima de las necesidades primordiales y le importa un bledo si no hay manera de resolverlas por su cuenta.


Aunque no parece muy adecuado introducir en esta columna algo personal, lo hago por la objetividad que ello representa y que, sin la menor duda, indica lo que le pasa a la gran mayoría de los venezolanos. Tengo la necesidad diaria de colocarme en los ojos una solución que regule la tensión y evite así el progreso del glaucoma. Pero, y es lo medular del problema, como profesor titular jubilado a dedicación exclusiva de la Universidad tengo un salario o pensión quincenal  de 37.000 Bs, que con las deducciones de ley y cuotas por préstamos, no llega a unos 29.000, lo que no alcanza para adquirirlo  pues su precio es de 36.000 Bs. y  solo sirve para un mes. Para completar, recorrí en su búsqueda la mayoría de las farmacias de Mérida y solo en una logre encontrar la última caja que existía, procedente de  Argentina.


Para completar, no como un procedimiento consciente, sistemático y debidamente planificado, reacciona el régimen como contrapeso,  trayendo toneladas de medicinas rusas, lo que a todas luces indica que si podían, pero no lo hacían, satisfacer las deficiencias medicamentosas más indispensables y las dotaciones hospitalarias. Pero ese ingreso, y en ello hay una diferencia radical, no es gratuito ni se basa en la solidaridad con  Venezuela, sino de un negocio más, es decir, que hay que pagarlas.


Muchos esperaban, dada su permanente desesperación, que el 23 y la entrada de la ayuda, definía un momento determinante en el derrocamiento del régimen. No se puede pensar así; lograr tal objetivo es un proceso complicado que ante todo requiere mantener una protesta permanente y lograr una mayor contundencia de los organismos multilaterales en cuanto a debilitar la operatividad del régimen como sucede aceleradamente. Mucho hemos logrado con la aparición de Guidó  y el sentimiento de unidad nacional que ha permitido protestas colectivas como nunca antes se habían dado, a lo que se agrega la posición contundente de organismos multilaterales y naciones preocupadas por el destino de nuestro país.. No puede invadirnos la desesperanza  y el desaliento por una solución que no puede aparecer como el conejo que saca el mago de la chistera. Lamentarnos día a día no nos conducirá a nada. Debemos estar seguros que de una manera u otra, nuestro país cambiará radicalmente, producto de la caída de un régimen oprobioso, que sin la menor duda se derrumbará definitivaamente en menos tiempo de lo que se pueda pensar.






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