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Desesperación legal por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI



En el mundo occidental existen, a grandes rasgos, dos maneras de concebir los sistemas legales que regulan la vida de los ciudadanos. Cada uno de estos polos de asumir lo legal tiene sus virtudes y defectos, siendo congruentes con las sociedades que los practican.


Unos pueblos tienden a guiarse por las costumbres y las tradiciones, condicionando la forma como se practica la vida en sociedad. En los países anglosajones, para poner un ejemplo, la costumbre, independientemente de que no se encuentre escrita, se sobrepone por un asunto atinente al “buen juicio” y hace que lo correcto y lo incorrecto se dé por sobreentendido. En esas sociedades, el aparato de ordenaciones legales no requiere de tanta especificidad, quedando muchas reglas y normas tácitamente aceptadas.


Existen otras sociedades en donde muy por el contrario de seguir la tradición, se intenta que el marco legal se vuelva costumbre. Se hace todo un esfuerzo por establecer pautas de carácter consentido para que los ciudadanos se conduzcan conforme dicta la ley, muchas de las cuales son antagónicas precisamente a los usos y costumbres de dichas sociedades. En general lo vemos en los países latinos y marcadamente en el caso venezolano en donde lo legal (leyes, normas, reglamentos) son abultados, incluso excesivos, en una especie de esfuerzo tozudo y fantástico porque la realidad se asemeje a la ley, intentando que lo tangible sea regulado por la letra escrita y no por la tradición.


Esta tendencia de forzar al ciudadano a encarrilarse por el sendero de la palabra escrita en realidad obedece a la necesidad de establecer unas reglas básicas de juego a efectos de entender cuál es el camino que debemos seguir ante determinada situación. De esta forma surgen especies de espejismos, como lo es el caso de la Constitución Nacional, que refleja el ideal de país que queremos, planteado en letra escrita, pero que en realidad no tenemos. Venezuela dista de parecerse al ideal de país que aparece mostrado en el texto constitucional.


De esta forma, la ley muestra un país que deseamos y debemos imitar, pero que en realidad se haya disociada de la cruda realidad. En base a esta manera de conducirnos frente a la normativa, surgen los más disparatados enredos y potenciales confrontaciones. Para ejemplo basta con citar la actual situación en la cual nos encontramos como ciudadanos, a quienes nos arropa el mismo duro destino como conglomerado.






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