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Literatura y goce por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PÉREZ LO PRESTI


@aperezlopresti

Si Mario Vargas Llosa hubiese ganado la presidencia de Perú, hubiésemos tenido una pérdida irreparable. Su papel protagónico como hombre de ideas y genio creativo, estaría malogrado por la sombre que acompaña a quien incursiona en la lucha por el poder. Platón, genio de genios, fracasa en sus intentos de hacer carrera política, hasta el punto de que casi le cuesta la vida. Esa tendencia por parte del hombre de pensamiento de coquetear con el poder no es nueva, pero es una diada extremadamente peligrosa que tienta a quienes son aventajados intelectualmente.

Por haber perdido las elecciones para la presidencia de Perú, Vargas Llosa sigue escribiendo y contribuyendo al quehacer intelectual de occidente. Es el más conspicuo representante del hombre de inventiva y constituye una suerte de inteligencia, de carácter total, que inusualmente aparece y que particularmente en el siglo XXI se hace cada vez más escaso. Pero Vargas Llosa tiene un elemento que muy de vez en cuando se conjuga en un mismo genio y es: La risa. Este Suramericano invita a la carcajada y al placer por leer.

La relación entre lectores y escritores es inusualmente particular. Tengo un amigo lingüista y suele sufrir cada vez que lee. Obsesionado por la posibilidad de que exista un texto tan bien escrito que alcance la perfección estilística, padece con la lectura. Contrario a lo que podría pensarse, a mi amigo no le gusta lo que lee porque casi todo y últimamente “todo” lo considera mal escrito. Para él lo literario dejó de ser la travesura propia de quien se divierte al acercarse a los libros para transformarse en una especie de castigo. –“¡Alirio!” -Me dice sobresaltado: -“Todo está mal, no saben colocar la coma en los textos y el dequeísmo es una peste. Los conectores se encuentran en los espacios más inadecuados y existe un abuso generalizado de adjetivos. La literatura ha muerto para mí.” Mi amigo ve con ojos torcidos a Mario Vargas Llosa y sufre cuando lo lee. Fiel a la consigna de quienes creemos en las maravillas de los mundos de las palabras, trato de explicarle que él pertenece a una clase particular de lectores; es un lector “sufriente” porque ya no lee por goce sino para ver lo mal escrito que están los textos de los demás. Incluso le sugerí que cultive otra afición, como la música de cámara o la caligrafía japonesa, que necesariamente se apegan al ideal de perfección, mas él insiste en que quiere seguir leyendo, a pesar de que le cae mal la lectura. Mi amigo sufre cuando lee a Mario Vargas Llosa. Doblemente fiel a la consigna le sigo la corriente y le digo que siento pesar por su condición de “lector sufriente”.





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