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Hachiko con reflexión de An y Aular

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ANY AULAR


Esta historia transcurre en la ciudad de Tokio. Hachiko, un perro de raza Akita, que vivió muy cerca de la estación de trenes con su amo, el profesor de agricultura Eisaburo Ueno en el año de 1923, pasó a la historia como un perro muy especial. Como un amo cariñoso y comprometido, el profesor dedicaba gran parte de su tiempo a Hachi (como solía llamarlo), y con el tiempo el lazo entre ellos fue haciéndose cada vez más fuerte. Cada mañana Hachiko acompañaba a su amo hasta la estación de Shibuya, y exactamente a las tres de la tarde esperaba su regreso en el mismo lugar. Este suceso despertó pronto la curiosidad entre los trabajadores de la estación que observaban a Hachi acudir diariamente sin falla en el mismo horario. El 21 de mayo de 1925, víctima de un ataque cardiaco, el profesor Ueno falleció en la universidad. Hachiko acudió a la estación como de costumbre, y esperó por su amo sin saber que esta vez no lo vería regresar. Hachi es conocido como El perro fiel porque durante los años que sobrevivió a su amo, esperó cada día en la estación su regreso. Al principio trataron de conseguirle hogares diferentes pero invariablemente, el perro siempre escapaba para esperar por el profesor a las tres de la tarde. Días y noches enteros esperó en la estación sin importar el clima adverso que cambiaba con las estaciones del año. Los trabajadores de la estación se encariñaron tanto con el perro que lo alimentaban y le daban muestras de afecto. La historia logró conmoverlos tanto que incluso mandaron construir una estatua del perro en 1934. Hachi murió en 1935, esperando al profesor en la estación. Diez años duró su espera.





Esta es una historia de amor, lealtad y fidelidad. Hachiko nunca dejó de creer que vería a su amo nuevamente, no desistió por 10 años. Asimismo, Dios está esperando por nosotros. No importa si dicen que no tienes esperanza, que no tienes salida… Dios te dice: “Yo espero por ti, te hice y sé que puedes lograrlo. Lucha, no te des por vencido”. Asimismo, nunca pierdas la esperanza por alguien, aún cuando esté hundido en la más terrible oscuridad. Seamos mensajeros de esperanza y vayamos a esa “Estación de Trenes” todos los días. ¡Que Dios te de un Feliz Día!                                     Any Aular  






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