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Las formas del mal por ALIRIO PÉREZ LO PRESTI

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ALIRIO PEREZ LO PRESTI


Twitter: @perezlopresti


Para San Agustín, si todo es producto de la creación de Dios, sería un contrasentido que el mismo Dios, el bueno, hubiese creado también el mal. Entonces, ¿cómo resuelve San Agustín este enigma? Con el pragmatismo que suele caracterizar al padre de la Iglesia en términos filosóficos, eso que llamamos mal, sólo puede entenderse como los espacios que no fueron tocados por el buen Dios. Es otras palabras, el mal no es por presencia sino por carencia. El mal es la ausencia del bien. Entendiendo a la sabiduría como una virtud, podemos pensar que de todas las formas del mal,  la ignorancia sería una de las peores. Por ignorancia no sólo se afirma, sino que se puede llegar a negar casi cualquier cosa e incluso  de manera simultánea, en muchas ocasiones se dan ambos fenómenos en una retorcida forma  de malsano malabarismo de pensamientos desatinados.


Por consiguiente: La ignorancia es la peor de las formas del mal.


Tengo tiempo tratando de deslastrarme de la ignorancia que nos suele invadir y que puede llegar a ser el centro de nuestro ser íntimo. Ser carencial es una de las peores   formas   de   representación   de   la   condición  del  ser.  Si se es carente,  entonces el cráter de lo  carencial  necesariamente  va a ser ocupado por “cualquier cosa” y  ese “cualquier cosa” está vinculado con los espectros negativos de las entidades que nos rodean. Lo carencial no sólo es inherente al mundo intelectual, sino que la carencia intelectual está imbricada con la privación moral, por consiguiente a la carencia afectiva. Una cosa lleva  a la otra. Lo intelectual a lo ético y lo ético al amor.


De esta forma es que considero que así como la ignorancia es la peor de las formas del mal, la sabiduría es precisamente la más grande y elevada forma de amor. El amor inherente al hombre sabio es ajeno a la vanidad y no necesita del encadenamiento del otro para poder disfrutar del deleite amatorio.






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