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Rafael Nadal

WIMBLEDON

Nadal, en cuartos siete años después

El balear derrota con contundencia a Jiri Vesely y sigue sin ceder un solo set en el torneo



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Nadal, en cuartos siete años después

Con todo lo que significa su trayectoria, casi cuesta asimilar que el nombre de Rafa Nadal se cuele en la ronda de cuartos de Wimbledon por primera vez desde 2011. Aquella última vez en la que llegó hasta la final y solo un supremo Novak Djokovic le arrebató el título. Han sido siete años en los que las lesiones, rivales incómodos y malos días dejaron sin continuidad los grandes logros del pasado, como aquel título de 2008 en la final de las finales, o la de 2010 para confirmar su valía en cualquier superficie.

Una década después de aquel «mejor partido de la historia», Nadal presume de tenis y agresividad, con menos desgaste para su cuerpo porque el ataque es ahora su fortaleza. Lejos de correr de lado a lado para defender lo suyo, en esta edición de Wimbledon obliga al rival a sudar para llegar a sus golpes. El revés que le abre la pista hasta lo imposible para el oponente; la derecha que sigue martilleando bien en paralelo bien en cruzado, y un saque que, sin ser de los más potentes, sí se convierte en una lectura enrevesada con la que arañar puntos gratis. Un dato: en el primer set, solo perdió dos puntos con su servicio. Este Nadal ha confeccionado un tenis adaptado a la hierba con la complicidad de su cuerpo. Poco desgaste y que corra la pelota.

Si bien todavía no se ha enfrentado a jugadores de las altas esferas, demuestra Nadal que está preparado para las amenazas. Concentrado en cada punto y seguro con todos sus golpes, no le incomoda en absoluto si hay que atajar el punto en la red. Lo comprobó Jiri Vesely, su última víctima. Zurdo como el español, cuenta en su altura (198 centímetros) un apoyo en el que impulsarse con el saque. Pero Nadal, este Nadal, vuelve a ganar puntos con su sola presencia al otro lado de la red.

El checo mostró su valía, ese tenis que lo llevó a ser número 1 júnior y a ser considerado una estrella del mañana. Pero en cuanto se le obligó a mantener su servicio enfrentado al alambre de ceder el juego, la mano se le quedó sin fuerzas. Un error con la derecha a la red, y una doble falta para ofrecer el primer break a su rival en el cuarto juego, imposible de remontar. El aura del Nadal número 1, campeón de 17 Grand Slams.

Pero no es solo demérito del checo, que hizo lo que pudo cuanto pudo. El tenis del balear gana enteros cada día, capaz de reconstruir los pequeños desarreglos de los primeros días y afinar lo que ya estaba a punto en estas últimas rondas. No dejó respirar a Vesely, siempre encima de la línea para estar encima de la pelota cuando esta botaba. Firmes las piernas para levantar e impregnar de mordiente los ataques de Vesely; rápidos los pies para avanzar en pista y multiplicar la velocidad de la pelota hasta lo incontestable.

Falta probarse con los nombres de entidad, pero Nadal ha puesto la directa para evitar cansancios innecesarios. La estrategia de la defensa quedó arrinconada en los años más jóvenes, en ese 2008, en ese 2010, en ese 2011 como finalista. Ahora le toca imponer su criterio, el paso adelante, la confianza en su tenis, el golpe definitivo, y que sean otros los que corran. ABC





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