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LOS ZAPATOS DEL PROFE por Ramón Sosa Pérez

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RAMÓN SOSA



Tanto se avecinaron que ahora la tragedia es similar. Ambos piensan en el retorno pero no con los sentimientos de días pretéritos cuando el profesor regresaba con la maleta llena de sueños a iniciar su ciclo y el alumno se desperezaba de vacaciones con familiares, parientes o en la cita anual de playa con los suyos. Ahora el caso es muy diferente pero los empalma la semejante preocupación que se reduce a esta interrogante inédita: ¿Y con qué zapatos comienzo clases? 


De buenas a primeras hasta trivial suena la frase pero en el razonamiento nos topamos con la verdad, tan grande como la puerta de catedral. Los precios son ya inabordables y es un suplicio pensar en el calzado de llevar a clases. La angustia de la madre con 2 o 3 hijos en edad escolar y sin zapatos útiles porque el uso los desgastó hasta casi condenarlos al cesto de la basura, como en otro tiempo. El zapatero remendón no halla qué repararles y así lo dice a la atribulada señora.


El profesor sufre porque su sueldo no alcanza y debe apartar varios meses sin comer para reunir lo del par que necesita. Apenas ver la paga que recibe el docente nos percata de la realidad. Es que ahora gasto más calzado que antes?, es la pregunta y claro!! ahora caminamos más trechos y con mayor frecuencia, lo que implica otro gasto en zapatos y la calidad ya acusa sus resultados.


En la crisis los industriales disminuyen calidad y aumentan costos de manera que en breve haya que recurrir al mercado por más producto y el Estado pareciera no enterarse o “se hace el loco”. Llega septiembre y las clases ponen las barbas en remojo porque hay que comprar calzado a como dé lugar. Entonces, cuál es la solución? que profesores y alumnos acudan descalzos a las aulas?


Quizá no es lo mejor para la salud, la estética y la ética pero si no hay quien ponga el cascabel al gato, llegaremos a esos extremos. Los industriales saben lo que hacen y en sus previsiones todo lo resuelven porque ellos saben “donde es que aprieta el zapato”. Será que el refrán, tan popular hace años, regresa para recordarnos: “a ponerse las alpargatas porque lo que viene es joropo”?         






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