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Colombia, integración y multilateralismo por Alberto José Hurtado Briceño

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Alberto José Hurtado Briceño



Desde que en América Latina la noción de integración regional apareció durante el proceso de independencia bajo la tutela de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Juan Egaña, José Cecilio del Valle, Bernardo O´Higgins, Vicente Rocafuerte, Bernardo Monteaguso, la frase “América toda existe como nación” exhibió las generalidades que dieron origen a la tímida integración regional latinoamericana a nivel de agrupación territorial. Y fue durante el periodo 1819-1821 cuando se dio origen a la Gran Colombia, considerado el primer ejercicio de continentalismo democrático latinoamericano institucionalizado en el Congreso Anfictionico de Panamá en 1826.


Colombia como país convocante de dicho congreso, propuso la renovación del Pacto de Unión, Liga y Confederación, surgiendo la posibilidad de actuar conjunta y colectivamente para asumir responsabilidades de funcionamiento en un pacto entre naciones unidas por objetivos como: 1) El arreglo de negocios mercantiles y 2) la abolición del tráfico de esclavos. Esta asociación solo duro una década, a comienzos de 1830 el territorio andino se dividió en tres naciones hoy conocidas como Repúblicas de Ecuador, Venezuela y Colombia. La ausencia de institucionalidad política coordinada, apartada de las dimensiones y particularidades tanto locales como regionales, no permitió establecer vínculos más estrechos entre las naciones que permitiera madurar el proceso de integración recién iniciado.


En la actualidad, el proceso de integración regional de América Latina es cada vez más difuso y a veces complicado debido a la diversidad de actores poco pragmáticos y flexibles, con escasos y tenues objetivos. Dentro de este contexto, Colombia destaca en su nuevo rol caracterizado por el liderazgo asumido para alcanzar un vecindario seguro, reforzado con las estrategias de desarrollo y atracción de capitales de procedencia variada. Todo lo cual le ha permitido convertirse un país con liderazgo regional que apunta a alianzas dentro de su región y con otras en el mundo, por ejemplo, Asia del Pacífico.


En 2013, cuando Colombia asumió la presidencia del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, suscribió el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Corea del Sur, acuerdo aprobado en 2014 en medio de su ocupación de la secretaria general de la UNASUR. En 2015 firma el TLC con Costa Rica, al tiempo que acuerda con Japón la liberalización y protección de la inversión. Para 2017 el objetivo fue la región latinoamericana y firmó el acuerdo de complementación económica con el MERCOSUR. Y, recientemente, el 25 de mayo de 2018, Colombia fue aceptada como el miembro número 37 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el grupo de países desarrollados, definidos en la actualidad como el conjunto de naciones con buenas prácticas globales. Además, es miembro y se vinculó como socio global de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). De todo ello destaca la importancia que este país le ha dado a: 1) La integración regional: estrategia para la ampliación de los mercados nacionales, incremento de la competitividad y eliminación de los conflictos armados; y 2) El multilateralismo: reglas y normas globales orientadas a establecer un orden internacional cooperativo, y de interdependencia.


Es meritorio el camino recorrido por Colombia para encontrar la paz y avanzar, al mismo tiempo, en sus objetivos de desarrollo utilizando todas las herramientas disponibles en el marco de la integración y el multilateralismo. Esto nos demuestra que tomar decisiones orientadas a políticas de Estado, y  no de gobiernos, da resultados.


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