FARMATODO 2017

España llega a tiempo a Wembley

España llega a tiempo a Wembley

No fue el mejor día de la Roja y el toque de atención viene bien para rebajar la euforia. España se vio superada en Wembley pero encontró tiempo para recuperarse y encontrar su orgullo en medio de un mar de dudas. Lallana y Vardy pusieron en evidencia el potencial de la nueva versión de La Roja, que rescató del baúl de los recuerdos la furia, seña de identidad en otros tiempos, para salvar la cara en Wembley. Un golazo de Aspas y otro de Isco en el último suspiro dejaron claro que ‘Spain is different’.

Nos las prometíamos muy felices. Como casi siempre, nos dejamos llevar por la euforia demasiado pronto. El relevo en el banquillo y un buen puñado de partidos desataron de nuevo una ilusión desorbitada en esta época de transición. 90 minutos en Wembley bastaron para demostrar que ni tanto ni tan calvo. Inglaterra, la misma que echó de la Eurocopa Islandia, nos pasó por encima durante 70 minutos. Una Inglaterra sin Rooney, Kane ni Dele Alli. Una Inglaterra con hambre y un planteamiento que se comió al presentado por Lopetegui en uno de los templos del fútbol.

Sería conveniente no recurrir a las rotaciones como excusa. Cierto es que el Iñigo de España no es el de la Real, que faltaba De Gea o que otros habituales como Jordi Alba, Koke o Morata tampoco estaban sobre el terreno de juego. Y, por supuesto, no estaba Iniesta. Con él sobre el campo la presión que tantos problemas nos causó no hubiera sido tal, o al menos no hubiera marcado tanto el devenir del partido.

La línea de tres arriba de Southgate, con Lallana primero y Lingard después para cerrar la salida de Busquets, fue un verdadero martirio para España, que acumuló pérdidas de balón y posesiones intrascendentes mientras Inglaterra aumentaba la creencia en sus posibilidades. En medio de ese clima de confianza Vardy se coló entre los dos centrales y le sacó el penalti a Reina. Lallana, a los ocho minutos, asestaba el primer golpe al 3-5-2 con el que experimentó Lopetegui.

El nuevo sistema duró media hora. Del Vitolo lateral y el Azpilicueta central se pasó a la defensa de cuatro con el canario en su puesto natural y el central del Chelsea cerrando la banda izquierda. Mientras, Inglaterra encontraba un inesperado agujero por la banda de Carvajal con Sterling como un constante incordio para el lateral del Madrid.

¿Y si el ‘9’ está en Vigo?

El escenario se recrudeció al inicio de la segunda parte cuando Vardy entró hambriento a un centro cruzado al segundo palo. El delantero del Leicester le robó la cartera, el reloj y hasta los cordones de la bota a un despistado Iñigo Martínez. Inglaterra olía a sangre y enseñaba los colmillos. La respuesta de Lopetegui fue reforzar el mediocampo con Koke y ponerle compañía a Aduriz. Aspas debutaba con la selección. Debió hacerlo mucho antes, pero mejor tarde que nunca. Él creyó cuando ya nadie lo hacía. Y mandó un importante recado en un marco incomparable. Quizá el ‘9’ que tanto busca España no esté en Londres ni tampoco en Madrid. Ni siquiera en Bilbao. Quizá a ese finalizador se le lleven cayendo los goles de los bolsillos desde hace temporada y media en Vigo.

 El delantero del Celta recogió un balón en tres cuartos de campo, inició la conducción y cuando pisó área decidió castigar la prudencia de Stones con un latigazo que destrozó la escuadra derecha y silenció Wembley. Se movían los banquillos y ahí de nuevo encontró España la solución. En el último suspiro, Carvajal conectó con Isco, que soltó uno de esos chispazos de genio que le reclama el aficionado madridista y el aficionado español con mayor regularidad.
Acomodó el balón caído del cielo y confirmó la reacción. Esta vez no fue con buen fútbol, esta vez tocaba recuperar la furia. Quizá una combinación de ambas sea la que consiga hacer esta transición más liviana. Porque los extremos nunca son buenos, porque no siempre todo es blanco o negro, gloria o fracaso, euforia o decepción. España mantiene la ilusión, pero el camino hacia el éxito esta vez requiere de nuestra paciencia.

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