Historias de una cola por José Antonio Rivas Leone

Historias de una cola por José Antonio Rivas Leone

Soy uno de tantos venezolanos hiperactivos que no sólo apuesta al país, sigo viviendo y trabajando muy duro por él, además no soy un extraterrestre o un intelectual de escritorio sino un ciudadano que intervengo en las cosas más cotidianas desde pagar servicios públicos, hacer mercado y hacer diversas colas, el país se transformó en una gran cola para realizar cualquier cosa. Lo cierto del caso es que me correspondió hacer una legalización de unas partidas de nacimiento y hacer una cola de pie de más de diez horas entre el frio del amanecer, luego un inclemente sol y finalmente algo de sombra en una vieja silleta ya dentro del registro principal del Mérida.
Debo señalar varios aspectos la experiencia vivida en las diez horas de cola horrenda. Ciertamente se debieron a que no hay un mecanismo expedito de ingreso y tramitación de las diversas diligencias en los registros de Venezuela, debo reconocer si la educación y colaboración de todo el personal del registro, entre cortes de luz, caída del sistema, ausencia de puntos de pago, y muchísima gente haciendo tramites (registro de títulos, apostillando, legalizando partidas de nacimiento, matrimonio y otros) hicieron de mi martes un día interminable y angustioso.
Sin embargo lo que verdaderamente es importante señalar son las historias, anécdotas y relatos de la gente en el registro. No hay palabras para exculpar o disculpar al gobierno. Las historias de los venezolanos son de hambre, miseria, dolor, enfermedad, desesperación y otros, y es lo que está llevando a la gente a irse del país, no sólo pesa el panorama agobiante de crisis y sufrimientos diversos, sino las ganas de trabajar, de tener paz, sosiego, certezas y no incertidumbres, cuanto dolor de ver miles y miles de jóvenes profesionales tramitar documentos para irse a trabajar afuera, cuantos otros con o sin títulos o estudios igual lanzarse a lo que sea, no hay dólares, no hay ahorros, algunos ni maletas a lo sumo un pasaporte unas mudas de ropa, mucha tristeza y a la vez las ganas de triunfar, entendiendo el triunfo el poder trabajar, poder darles alimentación, estudio, educación y seguridad a sus hijos. Me quedo corto para lo que escuche entre lágrimas, rabia, dolor, rostros famélicos que nada los detendrá en la búsqueda de un cambio. Que Dios bendiga a todos los venezolanos lo que se fueron, los que se van y los que decimos quedarnos acá.

Noticias relacionadas

Comentarios desactivados