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Por Pbro. Edduar Molina

Memoria en custodia

“Padre Leonardo Mendoza, servidor de la alegría” por Pbro. Edduar Molina



Memoria en custodia

“Padre Leonardo Mendoza, servidor de la alegría” por Pbro. Edduar Molina

La Venezuela petrolera, la de los años cincuenta, atrajo la migración de muchas familias de los campos a las ciudades, formando populosas barriadas, en las que no faltó la presencia como madre y maestra de la Iglesia.

Tal es el caso en Mérida de la conocida comunidad de “San José Obrero”, cuna de sacerdotes y obispos, médicos, maestros, profesionales y obreros, formados a la luz de venerables sacerdotes, como el inolvidable padre Roberto Dávila Uzcátegui, primero rector y después párroco (1959), con una siembra fecunda de fe y un despertar a la participación del laicado, con su movimiento seglar bandera: la Confraternidad de la Doctrina Cristiana, consolidando la formación cristiana y catequética. Junto al movimiento franciscano Soldedi, cimiento de vocaciones de tantos jóvenes a la vida laical, consagrada y el sacerdocio. Además de su esfuerzo por proveer de escuela y liceo en los terrenos parroquiales vecinos.

Prosigue la obra de los padres Jesuitas desde 1979, con una evangelización encarnada en su gente, presente en el campo de la formación laboral, juvenil y cultural, con recordados sacerdotes como los padres Fernando Bilbao, Epifanio Labrador, Juan Carricaburu y Clive Mendoza, además de otros tantos que sirvieron en el HULA, la catequesis, y muchas obras de bien, a la par de la conducción de la comunidad hasta el 2016. Treinta y siete años de siembra de Evangelio, con profundas raíces de una parroquia misionera, samaritana y viva en la fe.

Fue esta la comunidad parroquial que formó y preparó el corazón de buen pastor del padre José Leonardo Mendoza Araujo, que vino al mundo el 18 de septiembre de 1963, junto a su hermano gemelo Alexis, formados en el hogar cristiano de Jacinto Mendoza y Ana Ides Araujo.  En su ministerio estuvo siempre presente la huella de su comunidad cristiana “San José obrero”, con ese espíritu contemplativo, humilde y servidor franciscano.

Sus estudios de primaria los realizó en las escuelas estadales “15 de mayo” y "Juan Ruíz Fajardo” e inicia la secundaria en el liceo “Gonzalo Picón Febres” de Mérida.
Ingresó al seminario menor San Buenaventura, bajo la certera guía de los padres eudistas completó su bachillerato, su paso por el seminario mayor en los cursos de filosofía (1984-1987) y teología (1987-1991). Además de haber aprobado su primer año de derecho en la Universidad de Los Andes. Recibió su ordenación diaconal en la Catedral merideña el 8 de diciembre de 1990.

Pervive en mi recuerdo el novel padre “Leo”, pues coincidieron sus primeros pasos sacerdotales con mi ingreso al seminario aquel 29 de septiembre. Su ordenación sacerdotal había sido el 14 de julio de 1991, en la festividad del patrono del Seminario “San Buenaventura” por imposición de manos del venerado Monseñor Miguel Antonio Salas, en el ocaso de su episcopado emeritense.  Se estrenó como párroco de Nuestra Señora del Carmen, en el barrio Buenos Aires de El Vigía, (1991-1993) territorio que aún pertenecía a nuestra Arquidiócesis. 

Como anécdota, acompañó mi promoción de bachilleres del seminario menor (1993), en nuestro paseo a las playas de Adícora, Estado Falcón. Allí conocimos su bondad, cercanía a los jóvenes y pasión por su sacerdocio que tanto nos inspiró. Aunado a su servicio parroquial en tierras vígienses, acompañó la policía del municipio Alberto Adriani, como su capellán.

De la zona baja panamericana subió a las cumbres andinas, como Párroco de Santa Lucía de Timotes y administrador parroquial de Santa Bárbara de Chachopo (1993-1996), donde promovió la creación de Radio Paraíso 100.7 FM, un medio de comunicación fundamental para llevar la palabra de Dios, la cultura y el acontecer comunitario a cada rincón de los páramos merideños, además de animar la religiosidad popular expresada en sus sanbeniteros y su ardor misionero en las apartadas comunidades a su cuidado.

En 1996 continuó viaje a Europa para continuar su formación permanente en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, obteniendo el título de licenciado en teología dogmática, en 1999, con la calificación de “cum laude”.

A su regreso a Venezuela, en 1999 le correspondió un nuevo reto, impulsar la creación de la parroquia San Francisco de Asís en El Arenal de la Cuenca del Chama, dando respuesta pastoral al inminente crecimiento poblacional. El padre Leonardo encontró pronta aceptación por su espíritu de pastor con olor a oveja. También ejerció como administrador parroquial en la Parroquia Santa Bárbara de Mérida en el 2001.

En 2003 fue trasladado a la Punta de la ciudad, en la parroquia Santiago Apóstol, encarnado su apostolado en la fecunda religiosidad popular de esta comunidad, pasó a ser recordado como el primer sacerdote vasallo de la candelaria, acompañando sus danzas y profunda devoción, así como su participación como “apóstol”, en la tradicional pasión viviente.

El padre “Leo”, bien entendió eso que enseñó Pablo VI: “la piedad popular nos remite a la Encarnación como fundamento de la fe cristiana, que se manifiesta siempre en la cultura, la historia y los lenguajes de un pueblo, y se transmite por medio de los símbolos, las costumbres, los ritos y las tradiciones de una comunidad viva”. (Evangelii nuntiandi, 48)

En el 2005 fue nombrado como el Párroco número 86 y el segundo Rector del Santuario-Parroquia Nuestra Señora de Candelaria de Bailadores. Me correspondió sucederlo como párroco-rector y pude recoger la herencia de un buen pastor que se entregó por entero a su comunidad, junto a su afán por organizar y acompañar la catequesis y los movimientos de apostolado, así como su motivación a los grupos juveniles con su experiencia de Soldedi. Dios le recompense todos sus desvelos en la Villa bailadorense y sus comunidades.

En el 2013 fue enviado como misionero de esperanza, a la histórica parroquia San Juan Bautista de Milla. Comunidad en la que cierra su periplo de servicios por la arquidiócesis, además de haber tenido la responsabilidad de director del secretariado de catequesis. Y desde 1994 a 1996 miembro del consejo presbiteral.  En el 2017 se enrumbó en una novedosa experiencia evangelizadora en España, por tierras leonesas, ganándose el cariño y admiración de su gente en las comunidades de Llamas de la Ribera, junto a tres pequeños pueblos cercanos. A lo largo de todo este tiempo su misión fue ampliada en otras comunidades de la Diócesis de León, unido a su enfermedad que llevó con verdadera paciencia y entrega al Señor.

Nos visitó a mediados de 2025, compartió con sus hermanos sacerdotes y con gratitud y cariño fue recibido por nuestro Arzobispo Helizandro Terán, viviendo días de rencuentro y familiaridad entre nosotros. Regresó a España para continuar su tratamiento, hasta el encuentro con definitivo con el Padre, acaecido el pasado 14 de agosto, en la población de Foncebadón de la Diócesis de Astorga, provincia de León.

Que el Buen Pastor recompense sus desvelos y amor por su Iglesia con vida eterna, su ejemplo de fidelidad y humildad franciscana quedarán como el mejor testimonio para todos nosotros. Descansa en paz siervo buen del Señor.

Mérida, 23 de agosto de 2026