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José Velazco, ERRANTE CREADOR por Ramón Sosa Pérez

José Velazco, ERRANTE CREADOR por Ramón Sosa Pérez

Hay etapas de nuestra vida que reciben sellos indelebles y su impronta nos acompaña siempre. Esas amistades vencen tiempo y espacio aguardando la ocasión de remozar el anecdotario cifrado en trabajo, experiencias y vivencias donde ese afecto ha nacido y vigorizado. Ese era el caso de José Velazco, compañero de estudios en el liceo Fray Juan Ramos de Lora, a inicios de los años 80, cuando la preferencia académica nos ubicó en el área humanística y desde entonces la amistad se hizo sólida. Hoy la fatalidad y el término de su ciclo biológico lo separan de este plano y nos privan de seguir contando con su solidaridad militante, en sus creaciones intelectuales, en su forja de sencillez y franqueza sin aprensiones subalternas. José Alberto Velazco Quintero era su nombre de pila y como uso en los corredores estudiantiles, nos llamábamos por el primer apellido, de suerte que en adelante Velazco se hizo aliado incondicional de tantas causas quiméricas. Fuimos cofundadores en el liceo, a postulación del Orientador Manuel González Ávila, del Grupo Amigos de la Biblioteca porque era riguroso lector cuando yo apenas pergeñaba una que otra página de libros tomados al azar. En esa peña letrada reforcé mi interés por la lectura selecta y allí, también con Velazco, fortalecimos la iniciativa del periódico “Ideas Juveniles” que defendimos por 2 años, más tarde “Mensaje Juvenil” y alentamos el proyecto editorial que llamamos “Tiempos Modernos”, en cuyo corolario se anota un periódico del mismo nombre, con edición mensual de frecuencia y constancia colosal para la época. Las quijotadas de imberbes periodistas nos situaban en una plaza, los pasillos del liceo o en su casa de El Pilar de Ejido, donde estirábamos las interminables “notas” de edición a multígrafo. Cuando sobraba espacio, que era casi siempre, Velazco se las ingeniaba para escribir cuentecillos, fábulas y poemas que sólo ansiaban cubrir la escasez y que en años sucesivos motivó guasa chispeante y mutua admiración por la capacidad creativa que siempre le admiré. En su casa disfruté de la calidez de la profesora María del Pilar Quintero, la madre que orientaba con práctica única nuestros pininos así como recibimos la palabra guía de Ligia de Bianchi, Directora de la Revista Tricolor de Caracas y escuchamos varias veces a Don Luis Zambrano, departiendo con los profesores Plinio Negrete y María del Pilar. Velazco abrazó el cine como afición y luego se hizo Director y Productor con éxito profesional que nos legó La Ciudad de Los Escribanos en 2005, pincelando con pericia las contingencias de la Mérida conventual y asiento del primer Seminario, sin evadir las intrigas palaciegas que nivelan nuestra historia en todos los tiempos. Hoy cuando el picaporte abrupto de su ciclo vital se cierra, decimos adiós al buen amigo que nos marcó con el afecto que supo vencer el traspiés de la distancia y hacerse vigente en aportes a su Mérida entrañable.

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