Por la calle real. Venezuela en Mercosur por Fortunato González Cruz

Por la calle real. Venezuela en Mercosur por Fortunato González Cruz

Venezuela entró en Mercosur por presión del presidente José Mujica de Uruguay para contar con un aliado frente al enorme poder de Brasil, pese a que su situación política, jurídica y económica no lo permitía. Si se hubiesen cumplido sus normas fundacionales no estaría dentro formando líos. A partir del ingreso de Venezuela, Mercosur no volvió a tener tranquilidad ni rigor en el cumplimiento de sus objetivos por el afán desnaturalizador de Venezuela de convertir la unión comercial en un escenario ideológico. Hoy aquellas contradicciones afloran y Mercosur, como a lo interno en Venezuela, se convierte en un estercolero que obliga a los países fundadores a una desinfección radical.

La Academia de Ciencias Políticas y Sociales, en colaboración con la Universidad de Los Andes y la Universidad Católica Andrés Bello, publicó un interesante estudio con el título “Venezuela ante el Mercosur”. En este estudio, el jurista Alfredo Morles Hernández señala que Venezuela debe adaptar su legislación a las normas del mercado común para mantenerse dentro del pacto y destaca la contradicción entre el modelo estatista y socialista con el de libre mercado, que es la base de Mercosur. Hay, en consecuencia, una incompatibilidad de origen que si bien puede tener base en la confiesa vocación latinoamericanista de nuestra Constitución, este principio es contradicho por la legislación y por los hechos. En materia de Democracia y Derechos Humanos el asunto es igual de contundente porque si bien se trata de un acuerdo comercial entre países, como lo estableció originalmente el Tratado de Asunción, el Protocolo de Ushuaia sella entre los países miembros un compromiso con la democracia y con el respeto a la dignidad humana. Así lo consagra también el Tratado de La Asunción sobre “Compromiso con la Promoción y Protección de los Derechos Humanos”. Además, todos los países miembros del Mercosur son firmantes de la Declaración Americana de Derechos Humanos y de la Carta Democrática.

Pero más allá de la política y de las normas jurídicas, existe una realidad económica que marca una enorme desigualdad entre los miembros de Mercosur. Venezuela es muy débil en posibilidades de exportación. Las exportaciones de petróleo han caído en más del 50% y de productos no petroleros el valor es casi insignificante puesto que ni alcanzan para la demanda interna. Apenas se exporta muy poco de aluminio, hierro, acero, oro, medicamentos, productos de vidrio, flores, camarones, cacao y chocolate. En cambio importamos desde papel sanitario hasta gasolina pero las divisas no alcanzan, con lo cual hay escasez y hambruna. La destrucción de la industria venezolana ha sido atroz.

En fin, Mercosur no puede cargar con este sambenito mientras el gobierno venezolano esté en manos de Maduro y su pandilla por la sencilla razón de que no puede tolerar un socio que no cumpla las normas de convivencia, en un mercado común que se rigen por los principios de la libre competencia, obliga al respeto a la propiedad y al establecimiento de garantías económicas para los inversores.

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