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La pasión en la política por Luis Montilla

La pasión en la política por  Luis Montilla

Si algo no tiene discusión, es que la política es pasión. Pasión por lo que se cree, por lo que se hace, por lo que se lucha, por lo que se sacrifica, por lo que se conquista. La política es capaz de movilizar en un momento determinado, a grandes sectores de la sociedad, incluyendo muchas veces, a aquellos que pretenden no involucrarse en ella. La política despierta emociones entendidas como positivas, pero también negativas, con respecto a personajes, símbolos, banderas, himnos, instituciones, partidos políticos, entre otros. Ha producido y produce grandes movimientos de solidaridad y de cooperación humana. La política, también es asociada a conceptos solemnes, que la gran mayoría afirma adherir y defienden como: libertad, justicia, igualdad, paz, seguridad, bienestar, bien común. Como también, abundan las referencias a la política en tono peyorativo, despectivo, receloso. Suele ser asociada con confusión, división, engaño, favoritismo, manipulación, imposición, corrupción. Por lo que es frecuente escuchar decir de algunos, que están “al margen o por encima” de la política, considerándolo como un valor. “Politizar” un asunto, o tomar una decisión por “razones políticas”, es entendido generalmente, como un juicio condenatorio, incluso, lo hemos escuchado de boca de reconocidos dirigentes políticos y de otros actores públicos. Como podemos ver, la política no está libre de sospecha, sino que por el contrario, según con el cristal que se mire, tiene una gran carga emotiva. La referencia viene dada, por la ola de protestas que se han venido escenificando en distintas ciudades del país. Protestas que son la expresión del descontento de las grandes mayorías, en contra de un gobierno militarista, fracasado, corrupto, forajido y hampón. Con toda seguridad, se irán incrementando con el paso de estos próximos días y semanas; establecido en la Constitución, como un derecho político ciudadano, pacífico y democrático. Expresión que debemos preservar y resguardar, para que no sea desvirtuada por algunos exaltados y “radicales” de oposición, que tratarán de arrastrar la protesta al terreno de la violencia extrema, de desplazar al liderazgo político, institucional y democrático, afectando la conducción política, que se dispersaría y debilitaría, lo que ayudaría al Gobierno, en su plan ya puesto en marcha, de convertir la protesta mayoritaria, pacífica y democrática de los ciudadanos, en una batalla de dos grupos minoritarios y violentos que se enfrentan en las calles de algunas ciudades, y así poder justificar el uso desproporcionado de la fuerza, para restablecer la “paz y el orden público”. No permitamos que se desborden las pasiones, ni las emociones, la política es creadora de civilización, los objetivos políticos deben estar claros, y hacia esas conquistas democráticas debemos avanzar.

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