Profit 2017

“A las democracias no se le piden elecciones, hacen elecciones” por Luis Montilla

“A las democracias no se le piden elecciones, hacen elecciones” por Luis Montilla

Nadie en este mundo moderno y globalizado, puede tener dudas de que las elecciones tienen una gran trascendencia política, porque da a las democracias una marca explícita, que es el reconocimiento a la expresión de la voluntad popular en la participación política del pueblo. Hay un acuerdo generalizado, entre los diferentes autores estudiosos del tema, y es que las elecciones constituyen una práctica sustancial y consustancial de las democracias. Convirtiéndose en uno de los elementos dominantes en el proceso político, donde el ciudadano (en condición de elector), desempeña el rol protagónico como actor político. Siendo el sistema electoral, el instrumento situado entre las preferencias políticas de los votantes reflejadas en los resultados electorales y su concreción en las instituciones políticas democráticas. Y aunque el voto -entendido como el derecho de participación electoral, es decir, como la posibilidad de participar en la decisión que habrá de tomarse por medio de las elecciones-, para la mayoría de los investigadores, no es más que una de las modalidades de participación política y quizás ni siquiera la más importante, pero sí puede considerarse como la más difundida y la más universal. El voto es un acto relativamente simple pero, también un acto que traduce con rapidez las preferencias políticas de los electores, convirtiéndose en un instrumento de impacto inmediato en la solución pacífica de conflictos políticos. Pero ésta afirmación “acto relativamente simple”, no nos puede hacer olvidar, que la extensión del sufragio ha sido en la mayoría de los casos, el resultado de importantes luchas entre grupos que controlaban el poder político y grupos desafiantes, que luchaban por la ampliación de la participación política y la conquista de derechos sociales y políticos, que fueron acompañando el proceso de democratización electoral. Aunque cualquier observador, podría decirnos que en muchísimos países el derecho al voto, nunca se ha concedido ni está asegurado de una vez por todas, sino que con frecuencia era revocado, su ejercicio sometido a abusos y a engaños, su traducción sometida a maniobras y fraudes. El proceso democratizador, incorpora como una de las exigencias básicas del Estado de Derecho, elecciones obligatorias y periódicas. Las elecciones deben ser recurrentes. La periodicidad, debe ser regular para evitar la perpetuación no electiva en el poder de determinadas élites políticas. El desarrollo del principio electivo, conlleva a la celebración de elecciones periódicas (habitualmente, en periodos máximos de 4 ó 5 años), donde se parte de la base de que éstas no pueden ser un instrumento utilizado de forma excepcional, anulando las convocatorias posteriores, ni elecciones pendientes, con el fin de mantenerse en el poder. A las democracias no se le piden elecciones, las democracias hacen elecciones.

Noticias relacionadas

Comentarios desactivados