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Las dos grandes tragedias de la historia republicana de Venezuela por Fortunato González Cruz

Las dos grandes tragedias de la historia republicana de Venezuela por Fortunato González Cruz

La guerra federal y la revolución bolivariana han sido los dos acontecimientos más trágicos de la vida republicana de Venezuela y las dos más grandes estafas de que han sido víctimas los venezolanos.

La primera surge como producto del enfrentamiento entre la élite conservadora heredera de glorias y fortunas de la independencia, que supuestamente sería desplazada por la élite emergente liberal, la cual basó su discurso en propuestas que hoy se denominarían populistas. Ambos bandos luchan por sus intereses y arrastran al país a una confrontación armada que cuesta más de 100.000 muertos y lo hunde en una devastación y pobreza mayor que la que ya sufría, arruinada por la guerra de independencia. Al final, como señala Manuel Caballero, ni Dios ni Federación, un reacomodo de las élites parasitarias y depredadoras de siempre con nuevos ricos cuyas fortunas provienen de las mismas fuentes: el saqueo de la riqueza nacional. El pueblo queda sumido en la miseria. Todo más o menos camuflado por un lenguaje apologético de los caudillos y frases grandilocuentes.

La revolución bolivariana no llega al poder mediante un conflicto armado porque sus líderes fueron vencidos en su intento de llegar por la fuerza, y se apoyaron en las instituciones democráticas que habían alcanzado madurez. Tampoco surge por una confrontación entre élites sino por el agotamiento del modelo de partidos del Pacto de Punto Fijo, la pérdida de la ilusión de prosperidad en las clases populares y medias, y en la “conspiración de los náufragos” como magistralmente califica la periodista Mirtha Rivero a la insólita ceguera de la dirigencia política y económica de los años 90. El mismo cuento: apología del líder, populismo y manipulación con un instrumental nuevo: Cuba y la inusitada riqueza petrolera. Al final un reacomodo con las élites tradicionales que incrementan sus haberes y nuevos ricos con fortunas jamás soñadas. A las fuerzas armadas se les incrementa el rancho y el bozal ya no será de arepas. Las clases populares y las medias reciben también su ración hasta cuando ya no alcanza: Ni CADIVI ni CLAP… y sobreviene la muerte del líder.

Mucho tiempo hubo de esperar el país para recuperarse de los daños causados por la guerra federal y otras desgracias sobrevinientes. Diría que hasta la muerte de Gómez en diciembre de 1935 cuando comienza un incipiente desarrollo que se acelera en 1958, gracias a la democracia.

¿Cuánto habrá de esperar para terminar la tragedia actual y comenzar la recuperación? El análisis frío de los acontecimientos permite ver el agotamiento del grupo gobernante hundido en su desmedida avaricia, la acción de un pueblo que asume con valentía heroica su protagonismo, y algún acuerdo de los líderes mundiales que al fin verán amenazados sus intereses. Todo depende en buen grado de la reacción, ya tardía, de los militares avergonzados de tanta crueldad, y de la inteligencia y la pericia de quienes están asumiendo el nuevo liderazgo. A partir de allí la recuperación será el  reto más tan hermoso como el que asumieron los fundadores en 1811.

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