FARMATODO 2017

Medicamentos e insumos: Salud o enfermedad por Esmeralda García Ramírez

Medicamentos e insumos: Salud o enfermedad por Esmeralda García Ramírez

esmeraldagarcia2309@yahoo.com

Por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen mil de ganancia. En el 2002, según la revista Fortune, de las 500 mayores empresas del mundo, el volumen de beneficios de las 10 mayores farmacéuticas superaba los beneficios acumulados por las otras 490 empresas. El 60% de las patentes de medicamentos son de los EE.UU., el 20% de la Unión Europea. Los gringos dominan el mercado de los 50 medicamentos más vendidos. La globalización de esta gran industria ha permitido extender su poder para decidir qué enfermedades y qué enfermos merecen cura, han creado enfermedades para convertirnos en pacientes. Venezuela se ve sometida a las políticas de estos grandes países. Los castigos afectan al pueblo venezolano que ya no solo sufre un ataque por la escasez de alimentos, sino padece la desaparición de medicinas, sus elevadísimos costos, y/o la alternativa de adquirirlos fuera del país, a precios DólarToday. La distribución de los medicamentos e insumos en el país se obtienen por dos vías: por el sector público, los usuarios deben registrarse ante el centro de salud más cercano para obtener el medicamento, esta data se envía al Ministerio del Poder Popular para la Salud, quien debe dar respuesta inmediata a la requisición, pero no es así. En algunos centros de salud los pocos medicamentos que llegan son acaparados por inescrupulosos para revenderlos. En cuanto a los insumos médicos para los pacientes que ameriten ser tratados, hospitalizados u operados, la mayoría deben comprar desde una inyectadora, si hay en los centros de salud éstos se destinan a pacientes con escasos recursos económicos. Por el sector privado, comprar medicamentos es verdaderamente una perversión. No es la salud la que es un negocio para la industria farmacéutica y para todo funcionario que la considere como tal, es la enfermedad de los ciudadanos. Las cajas marcan “precio justo”, pero es impensable que con un salario mínimo como el nuestro se pueda adquirir algún medicamento con precios tan elevados. El gobierno debe vigilar, controlar y ajustar los precios de los fármacos y colocarlos en la cesta básica de los venezolanos o como bienes de primera necesidad. Se deben modificar los criterios de la entrega de divisas y la fijación de precios de manera uniforme todos los laboratorios que hacen vida en el país; crear una empresa pública farmacéutica que asegure la fabricación de los medicamentos necesarios; fomentar el uso racional de los fármacos a través del MPPS. Lo importante es anteponer el derecho a la salud sobre los desproporcionados y salvajes beneficios a los que imponen enfermedades para lucrarse, para que el sistema público nacional de salud deje de ser una entelequia.

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