Odio en la iglesia por Rubén Ávila Serratti

Odio en la iglesia por Rubén Ávila Serratti

No es un atrevimiento para nadie, comenta José Vicente Rangel, escritor, periodista, político caracterizado por su ponderación y ecuanimidad, aseverar que “la iglesia venezolana vive y se impone a través del fanatismo, el odio y la persecución para los que no la acompañan, y es por eso que cada vez son menos sus fanáticos, porque hoy el pueblo se alfabetiza y va conociendo la historia verdadera de estos señores y lo que siempre han buscado”.
Por ello solo los acompañan fanáticos violentos que aplauden y asumen la conducta del trío de cardenales designados por el Papa, ignoro su intención. Estos personajes son los que conducen a la jauría de obispos y sacerdotes, salvo connotadas excepciones, que asumen siempre la aptitud que tuvieron sus colegas en la España franquista del siglo pasado, cuando consagraron a Franco como “Caudillo de España por la Gracia de Dios”; y santificaron a Hitler y a Mussolini en el resto de Europa, y a los jefes de los campos de concentración para exterminar judíos y comunistas, incluso bendiciendo el armamento para matar a los negros en Etiopía y el Norte de África. Hasta a los pueblos eslavos llegaron los fascistas en nombre de la superioridad aria, bendecida por un Papa que fue miembro de la juventud hitleriana en la II guerra mundial.
Estos breves retazos históricos, confirman el grado de deterioro progresivo de los valores cristianos y la siembra de su odio en nuestro país; donde sólo con la política fraterna podemos evitarlos; pero el tiempo se acaba. Por ejemplo, hace unos días, los obispos de la C.E.V. públicamente llamaron a desconocer al Presidente Constitucional, echando más leña al fuego de la violencia como saben hacerlo, caracterizando como una dictadura al Gobierno legítimo, democrático, constitucional que hoy tenemos y todo, para seguir echando más leña al fuego de la violencia que bendicen todos los diablos días.
Estos ensotanados son los mismos del golpe de abril de 2.002. La mayoría de los venezolanos con más de 30 años de edad, sufrimos esas horas de angustia, lamentando que nuestro Presidente bolivariano haya apelado al crucifijo que lo tenía en el pecho y no a la espada de Bolívar que la tenía en sus manos. Hoy seguro otra gallo cantaría y en Venezuela campearía la libertad, la paz y la felicidad que estamos buscando, y que seguro las encontraremos, siempre y cuando derrotemos al Diablo clerical. En esos días del golpe, retratado con uno de esos mandingas salió nuestro Presidente Hugo Chávez prisionero con el conspirador al lado, con una sonrisita de yo no fui.
Estas acciones definen a la conferencia episcopal como un partido político rabioso, fascista, donde militan ejemplares como el cura barrigón que bendijo en Altamira a los “encapuchados y a sus armas artesanales” que asediaban la base militar de “La Carlota”, Y en la noche del 3, vimos por televisión, a otro diablo sin cachos, seguro que los escondió en alguna parte por la rabia manifiesta, arengando para seguir matando y quemando a venezolanos únicamente por ser revolucionarios, como lo fueron Bolívar, Hugo Chávez y millones que seguimos su ejemplo. Hoy estos señores aplauden a los asesinos que han quemado vivos a decenas de venezolanos que tuvieron padres, hijos, compañeras y compañeros y Patria, Patria con mayúscula. La historia los bendice y los llora para siempre.
Amen como diría un buen cura

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